La reconciliación que se anuncia y la fractura que se hereda
Keiko Fujimori anunció un gabinete plural y llamó a la reconciliación nacional. El mismo día vence el plazo para que el gobierno saliente decida sobre la ley de fuero militar que organismos de derechos humanos consideran un blindaje a la impunidad. El tono que promete el nuevo gobierno choca con la herencia que recibe.
Por Qhawaq

A once días del cambio de mando, el país escuchó dos mensajes que no terminan de encajar. Por un lado, la presidenta electa Keiko Fujimori anunció que formará un gabinete plural y llamó a la reconciliación nacional tras recibir sus credenciales (La Hora). Por el otro, el gobierno que se va enfrenta hoy el plazo para decidir sobre una ley que buena parte del país lee como lo contrario de una reconciliación. El tono que promete el que llega choca con la herencia que le deja el que se va.
La reconciliación como programa
El gesto de Fujimori no es menor. Prometer un gabinete plural y apelar a la reconciliación, a once días de asumir, fija el tono con el que quiere arrancar: el de una gestión que gobierna para más allá de su base electoral. La ceremonia de transmisión del mando del 28 de julio ya está declarada de interés nacional (Andina). El anuncio marca una intención; lo que aún no existe es el gabinete concreto ni las señales de que esa pluralidad se traduzca en contrapesos reales.
La ley que tensiona el mensaje
Ese llamado a reconciliar llega el mismo día en que vence el plazo para que el Ejecutivo observe o promulgue la ley que traslada al Fuero Militar Policial los delitos cometidos por policías y militares en funciones. Human Rights Watch y organismos de derechos humanos han pedido al presidente José María Balcázar vetarla, por considerar que consolidaría la impunidad de las fuerzas del orden (Human Rights Watch). El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, ya advirtió que, si el Ejecutivo no la promulga, lo hará él (AP Noticias). Sea quien firme, la decisión define el punto de partida moral de la transición.
Lo que está en juego para el ciudadano
Para el peruano de a pie, la reconciliación no se decreta con un anuncio: se construye con hechos que la hagan creíble. Y el primero de esos hechos es cómo se cierra el capítulo de la impunidad. Un país no se reconcilia mientras una parte siente que la ley protege distinto a quien porta un uniforme del Estado que a quien no. La pluralidad del gabinete y el llamado a la unidad valdrán lo que valga la coherencia entre el discurso de estos días y las primeras decisiones del gobierno que empieza. El ciudadano no pide reconciliación de palabra: pide una justicia que trate a todos con la misma vara. Lo demás es retórica de campaña estirada hasta el 28 de julio.