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17 jul 20263 min de lectura#opinion#congreso#bicameralismo#fuerza-popular#gobernabilidad

El gesto de Jorge Nieto: ¿gobernabilidad o desactivación de la fiscalización?

Proponer que la oposición presida ambas cámaras del nuevo Congreso bicameral es un movimiento inédito en décadas que puede leerse como distensión genuina o como una jugada para repartir poder y neutralizar el control legislativo. La respuesta de Keiko Fujimori definirá cuál de las dos lecturas prevalece.

Por Qhawaq

Portada: El gesto de Jorge Nieto: ¿gobernabilidad o desactivación de la fiscalización?

Un gesto que invierte la lógica del poder

Jorge Nieto, excandidato presidencial y líder del Partido del Buen Gobierno, hizo una propuesta que rompe el libreto habitual de la política peruana: que la oposición, y no el oficialismo, presida las dos cámaras del nuevo Congreso bicameral. Se lo planteó directamente a Keiko Fujimori en la reunión que sostuvieron el martes 14 de julio, apenas días antes de que ella recibiera sus credenciales como presidenta electa. "Le convendría que la oposición presida ambas cámaras", dijo Nieto en entrevista con Canal N. La imagen es potente: el rival derrotado en las urnas pide a la ganadora que le ceda las llaves del Parlamento. Pero un gesto tan cargado de simbolismo exige leerlo con cuidado: ¿es un intento genuino de construir equilibrios o una maniobra para desactivar desde dentro la capacidad de fiscalización?

El espejo de 1991: cuando la oposición sí presidió

No es la primera vez que la oposición conduce el Congreso bicameral peruano. El 26 de julio de 1991, en el último año del régimen de Alberto Fujimori antes del autogolpe, el Senado eligió como presidente a Felipe Osterling Parodi, del Partido Popular Cristiano, y la Cámara de Diputados a Roberto Ramírez del Villar, también opositor. Ambos fueron, según registra la historia parlamentaria, los últimos presidentes del Congreso bicameral disuelto el 5 de abril de 1992). Aquella experiencia terminó con tanques en el frontis del Palacio Legislativo. El antecedente es incómodo para todos: demuestra que la oposición puede presidir las cámaras, pero también que ese equilibrio puede volverse un estorbo para un Ejecutivo con vocación de control absoluto. La pregunta es si Keiko Fujimori, tres décadas después, está dispuesta a convivir con un Parlamento que no controle.

Entre la distensión y la trampa

Nieto ha sido enfático: "Seremos oposición", declaró al salir de la reunión con Fujimori, acompañado por los congresistas electos de su partido, que contará con representación en ambas cámaras del nuevo Parlamento. Pero la propuesta de presidir ambas cámaras contiene una ambigüedad inevitable. Quien controla la Mesa Directiva controla la agenda: decide qué proyectos se debaten, qué comisiones se forman y, sobre todo, qué denuncias avanzan. Una oposición instalada en la presidencia del Congreso puede fiscalizar con más herramientas, pero también puede volverse cómplice funcional si su poder depende de la anuencia del Ejecutivo. Las conversaciones de Nieto con otros bloques revelan el tablero real: con Juntos por el Perú están "en un punto adormecido", mientras que con Rafael López Aliaga hubo un primer encuentro sin acuerdo. El diablo está en los detalles: ¿presidir con autonomía real o administrar un pacto de no agresión?

La aritmética que define todo

La propuesta no es solo retórica: tiene números detrás. En el Senado, Fuerza Popular tiene 22 escaños, Renovación Popular 8 y el Buen Gobierno 7 (RPP), un bloque afín que suma 37 frente a los 23 de la oposición de izquierda. En Diputados, la ventaja oficialista es aún mayor, del orden de 74 contra 56 (Astra Reporta). En ese tablero, ceder la presidencia a la oposición no sería un sacrificio para el fujimorismo: es una forma de repartir cuotas sin perder el control de fondo. En el reparto que se negocia, Fuerza Popular perfila a Miguel Torres y a Cecilia Chacón para conducir la instalación del nuevo Parlamento; los demás bloques negociarían vicepresidencias. La verdadera prueba será si la Mesa Directiva opositora actúa con independencia cuando llegue la primera denuncia incómoda contra el Ejecutivo.

Lo que está en juego para el ciudadano

Más allá de la ingeniería parlamentaria, lo que se discute toca la vida cotidiana. Un Congreso con capacidad real de fiscalización es el que puede investigar por qué faltan medicinas en los hospitales, por qué las extorsiones al transporte público siguen impunes o por qué el presupuesto de reconstrucción no llega a las zonas afectadas. Un Congreso domesticado, en cambio, se convierte en una escribanía. La propuesta de Nieto abre una ventana, pero solo la respuesta de Keiko, y sobre todo los hechos posteriores, dirán si esa ventana ventila el sistema o simplemente decora una fachada de equilibrio que no existe.

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