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8 jul 20263 min de lectura#opinion#transicion#gobernabilidad#fuerza-popular#legitimidad

La transferencia como performance: la foto Arroyo-Vinelli y las señales de una transición controlada

La reunión entre el premier y el jefe del equipo de transición de Keiko Fujimori fue un ejercicio de puesta en escena tanto como de gestión. Las buenas señales no sustituyen a los buenos expedientes.

Por Qhawaq

Portada: La transferencia como performance: la foto Arroyo-Vinelli y las señales de una transición controlada

La foto que ambas partes necesitaban

La reunión del lunes 6 de julio entre el premier Luis Arroyo y Marco Vinelli, jefe del equipo de transición de Keiko Fujimori, fue un ejercicio de puesta en escena tanto como de gestión. A puertas cerradas, en la sede de la Presidencia del Consejo de Ministros, ambos funcionarios inauguraron el traspaso de mando con una fotografía que transmite un mensaje inequívoco: esto va en orden.

El gobierno saliente de José Balcázar necesita proyectar normalidad institucional en sus últimas tres semanas. El entrante, legitimidad y control. La foto cumple esa doble función. Pero una transición no es una imagen: es un proceso de veintiún días, hasta el 28 de julio, en el que se decide qué información recibe el nuevo gobierno sobre el estado real del aparato estatal.

"Temas administrativos": la coreografía de lo vago

Al salir del encuentro, Vinelli declaró que se trataron "temas administrativos" y definió la transferencia como un proceso "técnico-humano": técnico porque se recibe información de cada ministerio; humano porque detrás de cada cartera hay personas que piden salud, seguridad y carreteras. La fórmula es elegante, pero no dice nada concreto.

No se informó qué carteras se revisaron primero, qué cifras fiscales se pusieron sobre la mesa ni qué alertas, si las hay, transmitió el equipo saliente. Vinelli anunció que Fuerza Popular publicará reportes cada tres o cuatro días. Es una promesa de transparencia que, por ahora, depende enteramente de lo que el equipo entrante decida mostrar. La ciudadanía no tiene acceso a las actas de la reunión ni a los documentos intercambiados. La transparencia, en esta etapa, es un acto de fe.

Lo que el guion no menciona

La puesta en escena de una transición ordenada ocurre mientras varios asuntos complejos quedan fuera del encuadre. El gobierno saliente impulsó en sus últimas semanas un crédito suplementario por S/ 9.596 millones que la Contraloría observó por falta de sustento técnico. El nuevo Congreso bicameral apenas empieza a organizarse y ya se menciona la articulación de un bloque opositor: Juntos por el Perú, Ahora Nación y el Partido Cívico Obras. La percepción de inseguridad en Lima se mantiene alta.

Vinelli mencionó como prioridades la seguridad ciudadana, la preparación frente al fenómeno de El Niño y la reactivación de la inversión. Son los temas correctos. Pero la transición real no se medirá por la cantidad de reuniones ni de reportes publicados, sino por la calidad de la información que el gobierno saliente entregue sobre cada uno de esos frentes: ¿cuál es el estado real de las comisarías? ¿qué obras de prevención ante El Niño están ejecutadas y cuáles solo presupuestadas? ¿qué pasivos contingentes hereda el nuevo gobierno?

El ciudadano no está en la sala

La transición se negocia a puerta cerrada, pero sus consecuencias se viven en la calle. Si la información que recibe el gobierno entrante es incompleta o maquillada, las decisiones de los primeros cien días se tomarán sobre un diagnóstico falso. Un ministro del Interior que asume sin saber cuántas comisarías están operativas, o un ministro de Salud que descubre en agosto que las compras de medicamentos están paralizadas, no podrá responder a tiempo. Y eso lo pagan los ciudadanos que no estuvieron en la foto.

Los veintiún días que faltan para el 28 de julio no alcanzan para auditar el Estado peruano. Alcanzan, apenas, para que quien llega sepa con honestidad qué recibe. La foto Arroyo-Vinelli es una buena señal. Pero las buenas señales no sustituyen a los buenos expedientes. La performance tranquiliza; los datos, si se comparten completos y a tiempo, protegen.

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