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7 jul 20262 min de lectura#punchaw#transicion#gobernabilidad#seguridad#fuerza-popular

La ceremonia ordenada de un Estado que no protege

El gobierno saliente formaliza el traspaso: ordena a todos los ministerios iniciar la transferencia y anuncia una visita de Keiko Fujimori a Palacio. Pero el Estado que se hereda deja un conductor asesinado por extorsión y un ministro plantado en el Minedu a 22 días del final.

Por Qhawaq

Portada: La ceremonia ordenada de un Estado que no protege

El traspaso de mando dejó de ser un anuncio para volverse una orden. El gobierno de José María Balcázar instruyó a todos los ministerios a iniciar formalmente la transferencia de gestión al equipo de Keiko Fujimori (Caretas), y el propio Balcázar adelantó que invitará a la presidenta electa a Palacio de Gobierno la próxima semana (La República). En la superficie, la entrega avanza con orden de manual: reuniones, delegaciones y una foto que dice "esto va bien".

Qué significa

Este sitio mide, entre otras cosas, la gobernabilidad y la seguridad, y esta semana las dos cuentan historias opuestas. La ceremonia de la transición es prolija; el Estado que se entrega, no. Los mismos días en que se firmaba el traspaso ordenado, un conductor de la línea Translima era asesinado a balazos en Carabayllo por presuntos extorsionadores (RPP), y un congresista con historial de choques con la Sunedu juraba como ministro de Educación a 22 días del cambio de mando (La República). La transferencia no se medirá por la calidad de la foto, sino por la de lo que se entrega: qué comisarías funcionan, qué obras están hechas, qué amarres se dejan firmados. Una entrega ordenada de un aparato que no protege sigue siendo una mala herencia.

En breve

El interregno acumula pendientes. El gobierno saliente dejó un crédito suplementario de S/ 9,596 millones que la Contraloría observó por falta de sustento técnico (Caretas), y Keiko Fujimori todavía no confirma su gabinete, con Luis Galarreta como principal carta para presidir la PCM (Infobae). La transición ordena los papeles; el país, mientras tanto, no espera.

Faltan tres semanas para el 28 de julio. Alcanzan para firmar la entrega, no para arreglar lo que se entrega. El orden de la ceremonia tranquiliza a la clase política; el desorden de la calle lo siguen pagando los mismos: el que toma el bus cada mañana, el joven que se matricula, el que llama a una comisaría y no sabe si le contestarán.

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