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14 jul 20263 min de lectura#opinion#economia#mineria#proteccion-social#inversion

Exportaciones récord, empleo precario: la paradoja que el próximo gobierno no puede ignorar

Las exportaciones peruanas crecieron 40% en mayo impulsadas por la minería, pero la informalidad laboral sigue en 70% y el consumo se sostiene con crédito, no con mejores ingresos. Sin reformas laborales y encadenamientos productivos, el crecimiento extractivo no se traduce en bienestar.

Por Qhawaq

Portada: Exportaciones récord, empleo precario: la paradoja que el próximo gobierno no puede ignorar

Perú celebra cifras de exportaciones que cualquier país en desarrollo envidiaría. En mayo de 2026 los envíos al exterior sumaron US$9.285 millones, un crecimiento interanual de 40,1%, y entre enero y mayo el país acumuló US$45.128,3 millones en exportaciones, 36,7% más que en el mismo periodo de 2025 La República. La minería explicó el 72,8% del valor exportado en mayo, con US$6.760,8 millones, y Asia concentró el 60,2% de los envíos. Sin embargo, mientras los buques zarpan cargados de cobre y oro, siete de cada diez trabajadores peruanos siguen en la informalidad laboral Infomercado. Esa es la paradoja que define la economía peruana de 2026 y que la presidenta electa Keiko Fujimori no puede seguir esquivando.

La minería exporta, pero no emplea

La minería es el motor exportador del país, pero su capacidad de generar empleo formal es mínima. Según el INEI, entre abril de 2025 y marzo de 2026 la tasa de informalidad laboral nacional fue de 69,8%, y en el sector que agrupa agricultura, pesca y minería la informalidad alcanzó el 91,1% Infomercado. Entre los jóvenes de 14 a 24 años la cifra escala al 84,8%. La paradoja es filosa: el sector que más divisas genera es también el que menos trabajadores formales produce. Cuando la minería crece 52,5% interanual en valor exportado pero la informalidad no cede, algo está roto en la cadena que conecta el subsuelo con la vida cotidiana.

El consumo resiste, pero la informalidad no cede

El dinamismo no es solo minero. La demanda interna sorprende por su vigor: el Banco Central reporta que el consumo y la inversión privada crecen a tasas de dos dígitos, el empleo privado formal se expandió 5.4% en el primer cuatrimestre y la masa salarial formal avanza a un ritmo real cercano al 8% (BCR). En la superficie, la economía peruana luce robusta.

Pero ese vigor convive con dos alfileres. El primero: la inflación total seguiría por encima del rango meta del Banco Central en el segundo semestre de 2026, según BBVA Research (BBVA Research), lo que erosiona parte de esas mejoras de ingreso. El segundo, más de fondo: todo ese crecimiento no ha movido la aguja de la informalidad. El consumo se sostiene, sí, pero buena parte de él proviene de una economía que opera en efectivo, sin contrato, sin pensión y sin protección. El propio Banco Central admite que los sectores informales demandan grandes cantidades de billetes de alta denominación para sus operaciones diarias (BCR). Crecer no es lo mismo que formalizar.

La estrategia que falta

Keiko Fujimori ha prometido promover la minería como "la principal fuente de ingreso de nuestro país", con respeto al medio ambiente y armonía con las comunidades Andina. Es un gesto, no una estrategia de crecimiento inclusivo. Promover más minería sin exigir encadenamientos productivos, transferencia tecnológica ni metas de formalización es apostar por el mismo modelo que produjo las cifras de hoy: exportaciones récord y 70% de informalidad.

El debate no es minería sí o minería no. Es qué tipo de minería y para quién. Sin reformas que vinculen la inversión extractiva con el empleo local, la formalización de proveedores y la productividad de las mypes que orbitan alrededor de los grandes proyectos, la inercia de la informalidad no se romperá por sí sola.

Lo que está en juego

Para el ciudadano, esta paradoja tiene nombres concretos. Se llama no tener seguro si tu hijo se enferma. Se llama trabajar toda la vida y no tener pensión. Se llama ver pasar camiones con mineral rumbo al puerto mientras tu calle sigue sin asfaltar. La economía peruana sabe producir riqueza; lo que no ha aprendido es a distribuirla. El próximo gobierno hereda un tren de exportaciones a toda velocidad y un mercado laboral que sigue viajando en combi. Conectar esos dos mundos es la tarea pendiente más urgente, y hasta ahora no está en la agenda de nadie.

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