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14 jul 20263 min de lectura#opinion#educacion#proteccion-social#descentralizacion#politica-fiscal

El Pronabec contra el mérito: el nuevo reglamento que castiga a los pobres

Con el argumento de recuperar la meritocracia, el Minedu propone reglas que castigan al becario que desaprueba un curso, mientras el presupuesto de Pronabec se reduce a migajas. La movilidad social se aleja de quienes más la necesitan.

Por Qhawaq

Portada: El Pronabec contra el mérito: el nuevo reglamento que castiga a los pobres

El 2 de julio de 2026, el Ministerio de Educación publicó la Resolución Ministerial N.° 365-2026-MINEDU, que dispone la prepublicación de un proyecto de Decreto Supremo para modificar el reglamento de Pronabec. El director ejecutivo, Enrique Chon Yamasato, lo justificó con una palabra que suena impecable: "recuperar el carácter meritocrático". Pero basta leer la letra chica para advertir que el mérito que defiende el Minedu no es el del estudiante que supera la pobreza: es el de un sistema que desconfía de él y le cierra la puerta.

El mérito que el Estado no quiere financiar

Hablar de meritocracia mientras se desmantela el presupuesto de becas es una contradicción difícil de digerir. Para 2026, el Congreso asignó a Pronabec apenas S/ 50 millones de los S/ 793 millones solicitados. El recorte ya produjo víctimas concretas: 150 jóvenes que obtuvieron vacante en universidades como Oxford perdieron la Beca Bicentenario por falta de presupuesto para esa línea. El verdadero ataque al mérito no es un curso jalado: es un presupuesto que hace imposible que el talento compita en igualdad de condiciones.

Las tres reglas que revelan desconfianza, no excelencia

El proyecto introduce al menos tres modificaciones que endurecen la permanencia del becario. La primera: desaprobar una sola asignatura se convierte en causal de pérdida de la beca, incluso si el promedio general es aprobatorio. La segunda: el estudiante debe cursar la totalidad de créditos de cada ciclo, sin margen para ajustar su carga por razones familiares, laborales o de salud. La tercera, y quizá la más insólita: el becario puede perder el beneficio si no mantiene un "trato respetuoso" hacia los funcionarios de Pronabec, so pena de ser acusado de conducta "intimidatoria, agresiva o violenta", según el texto difundido.

Son reglas que ignoran la vida real del estudiante pobre: aquel que trabaja, que cuida a un familiar, que vive a horas de distancia de la universidad, que no tiene internet estable. Equiparar una queja legítima con una agresión no es meritocracia: es una mordaza.

La vara que mide distinto según a quién apunte

Según Chon Yamasato, en el semestre 2024-II se identificaron 857 becarios que desaprobaron asignaturas de manera reiterada. Esa cifra, presentada como evidencia del relajamiento, equivale a una fracción mínima frente a miles de becarios que sí avanzan. Pero además, el proyecto alcanzaría incluso a quienes ya son beneficiarios, cambiándoles las reglas a mitad del camino. En derecho, eso tiene un nombre: aplicación retroactiva de una norma desfavorable. En la vida real, significa que un joven que ingresó con ciertas condiciones puede despertar mañana sin la beca que le prometió el Estado.

Lo que está en juego: el derecho a soñar

La pregunta no es solo técnica ni presupuestal. Es si el Perú cree o no en la movilidad social que predica. Un joven de Cajamarca, de Huancavelica o de un asentamiento humano en Lima no tiene control sobre el presupuesto público, pero sí sobre su esfuerzo. Cuando el Estado le dice "te beco, pero si fallas una vez te echo", le está diciendo que su oportunidad es prestada y revocable. Mientras tanto, el mismo Estado financia consultorías opacas y viajes al exterior sin la misma vara. Para el becario, el mensaje es devastador: su futuro vale menos que un pasaje. La meritocracia no se defiende castigando al que tropieza, sino nivelando la cancha. Este reglamento hace exactamente lo contrario.

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