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2 jul 20264 min de lectura#opinion#descentralizacion#fuerza-popular#gobernabilidad#transicion

Puno busca a Keiko: el primer gesto de pragmatismo regional en la transición

El alcalde provincial de Puno, Javier Ponce, tiende un puente hacia la virtual presidenta electa pese a que su región la rechazó con el 86% de los votos. El cálculo político local impone su lógica sobre la fractura electoral y revela que el nuevo gobierno tendrá interlocutores en el sur, pero no base propia.

Por Qhawaq

Portada: Puno busca a Keiko: el primer gesto de pragmatismo regional en la transición

El alcalde que rompe el molde

Tres semanas después de que Puno le diera la espalda a Keiko Fujimori en las urnas, su alcalde provincial le abre la puerta. Javier Ponce Roque declaró el 30 de junio que no descarta un acercamiento con la virtual presidenta electa y que, de recibir una invitación de Palacio de Gobierno, acudirá "llevando el paquete de propuestas y necesidades que tiene Puno" (La República). No es una declaración cualquiera: es el primer gesto explícito de pragmatismo que brota desde el corazón del sur andino apenas cerrado el conteo oficial.

La frase de Ponce merece leerse completa porque contiene la clave: "Estar cohibidos y alejados, y comenzar a hacer una contra no nos conviene a nosotros como provincia. Tenemos que acercarnos por el bien de la provincia". No habla de ideología. Habla de gestión, de expedientes, de presupuesto.

Una región que votó contra todo lo que Keiko representa

El dato es contundente. Con el 99.293% de las actas contabilizadas, Keiko Fujimori obtuvo en Puno apenas el 13.578% de los votos válidos, frente al 86.422% de Roberto Sánchez (El Comercio). Es un mandato popular que no admite matices: Puno no quería a Keiko Fujimori como presidenta. Y no es una región que pueda darse el lujo de pelearse con el poder central: arrastra una pobreza monetaria de 37.5%, la tercera más alta del país (pqs), más de diez puntos por encima del promedio nacional de 25.7% (INEI).

Ese resultado no es una anécdota. Forma parte de un mapa de fractura territorial que ya describimos en estas páginas: Keiko ganó la presidencia con los votos de Lima, la costa norte y el extranjero, mientras que en el sur y el centro andino perdió por márgenes amplios. Gobernar sin base territorial propia es el riesgo más inmediato de su mandato.

El cálculo político detrás del gesto

Conviene mirar quién es Javier Ponce. No es un independiente sin brújula. En 2024 se afilió a Ahora Nación, el partido de Alfonso López Chau (Jornada). Ponce no se quedó en el movimiento regional con el que llegó a la alcaldía (Reforma y Honradez por más obras): saltó a un partido de alcance nacional y confirmó sus aspiraciones al Gobierno Regional de Arequipa.

El pragmatismo de Ponce no es altruismo: es supervivencia política con vistas a octubre. Las elecciones regionales y municipales de 2026 se celebran en pocos meses y un alcalde que aspira a gobernar una región vecina necesita mostrar gestión, no trincheras. Dialogar con Palacio de Gobierno, lo gobierne quien lo gobierne, es una inversión de bajo riesgo y alto retorno simbólico.

El sur que arde mientras se tienden puentes

El gesto de Ponce ocurre en un contexto regional explosivo. Moquegua inició el 30 de junio un paro indefinido en rechazo al proyecto de ley que modificaría sus límites territoriales con Tacna, una controversia en la que el gobierno regional de Tacna ha señalado que los pueblos involucrados buscan pertenecer al distrito de Ilabaya porque este recibe el canon de la mina Toquepala (La República). Puno no es ajena a esta dinámica: la región arrastra conflictos sociales latentes y una desconfianza estructural hacia el gobierno central que trasciende a quien ocupe el sillón presidencial.

La paradoja es evidente: mientras Moquegua se blinda, Puno tiende la mano. Dos respuestas opuestas frente al mismo hecho, un nuevo gobierno que aún no ha jurado, que reflejan dos maneras de leer el momento político.

Lo que gana Keiko y lo que arriesga

Para la virtual presidenta, la declaración de Ponce es un regalo político. Le permite mostrar que tiene interlocutores incluso donde fue derrotada, y que su gobierno no será necesariamente un diálogo de sordos con el sur. Pero también expone su fragilidad: necesita que alcaldes de otros partidos le abran las puertas de regiones donde Fuerza Popular no tiene arraigo ni estructura. La Ley 32657, promulgada en junio, redujo de 50% a 30% el mínimo de regiones donde un partido debe presentar candidatos para no perder su inscripción (RPP), un salvavidas diseñado precisamente para partidos con la geografía electoral de Fuerza Popular.

El gesto de Ponce es, en ese sentido, un espejo incómodo: celebra la capacidad de tender puentes, pero al mismo tiempo confirma que Keiko no los tiene propios en buena parte de su propio país.

Lo que significa para el puneño de a pie

Más allá del tablero político, la pregunta que importa es qué gana el ciudadano. Si el acercamiento de Ponce se traduce en un expediente técnico aprobado, en un hospital que se construye o en un programa de electrificación rural que se ejecuta, el pragmatismo habrá valido la pena. Si se queda en una foto y un comunicado, habrá sido solo la confirmación de que en el Perú la política local sabe negociar, pero el Estado central no sabe entregar.

La transición acaba de empezar. Puno ya movió su ficha.

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