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2 jul 20263 min de lectura#opinion#economia#inversion#gobernabilidad#transicion

Perú en el fondo de la competitividad: las reformas que el nuevo gobierno no puede postergar

El país cayó a su peor puntaje histórico en el Ranking Mundial de Competitividad 2026 justo cuando se inicia un nuevo ciclo político. Sin reformas institucionales y de infraestructura, la promesa de crecimiento seguirá siendo solo eso.

Por Qhawaq

Portada: Perú en el fondo de la competitividad: las reformas que el nuevo gobierno no puede postergar

En pleno proceso de transición política, con el nuevo gobierno aún por proclamarse, el Ranking Mundial de Competitividad 2026, elaborado por Centrum PUCP y el Institute for Management Development (IMD), devuelve una fotografía incómoda: el Perú ocupa el puesto 60 de 70 economías evaluadas y su puntaje cayó de 45.89 a 43.33, el peor resultado desde que la medición comenzó en 2008 Gestión. En América Latina solo supera a México (62), Brasil (65) y Venezuela (70).

No es un accidente ni una fatalidad geográfica. Es la consecuencia de décadas de postergación de reformas que sucesivos gobiernos han diagnosticado pero no han ejecutado.

El lastre está donde el Estado no llega

Los cuatro pilares del ranking, desempeño económico, eficiencia del gobierno, eficiencia de negocios e infraestructura, muestran un patrón nítido: el Perú resiste donde actúa el sector privado y se hunde donde depende del aparato público.

El pilar de infraestructura es el más débil. Cayó del puesto 63 al 65 en un año, arrastrado por brechas críticas en acceso al agua, infraestructura sanitaria, conectividad tecnológica y gestión urbana Gestión. La brecha total de infraestructura se estima en cerca de US$ 110 mil millones, y al ritmo actual de inversión tomaría unos 40 años cerrarla Gestión. Cuatro décadas sin agua gestionada de manera segura para millones de peruanos, sin carreteras que conecten mercados, sin redes que permitan competir.

La eficiencia del gobierno también retrocedió: del puesto 59 al 60. Persisten la inestabilidad política, la percepción de soborno y corrupción, y una inseguridad pública que enfría la inversión Gestión. El ranking pone número a algo que el ciudadano ya intuye: la inestabilidad y el delito no solo golpean el día a día, también ahuyentan el capital que crearía empleo. No se trata de un diagnóstico nuevo: desde 2008, cuando el Perú ocupaba el puesto 35, el país ha descendido 25 posiciones Sonorama.

Lo que funciona y lo que no alcanza

Hay una paradoja instructiva en el mismo ranking: la política monetaria del Banco Central de Reserva ocupa el primer lugar mundial Gestión. Es decir, el país puede tener instituciones de clase mundial cuando se construyen con autonomía técnica y continuidad. La excepción confirma la regla: el deterioro no es inevitable.

El desempeño económico, el pilar donde el Perú sale mejor parado, se sostiene sobre los precios de las materias primas y la estabilidad de precios, factores en buena medida exógenos o heredados. Pero las ganancias del cobre no pavimentan carreteras ni construyen comisarías por sí solas.

La prueba del nuevo gobierno

La administración que asumirá el 28 de julio recibe el país con el puntaje más bajo de competitividad desde que existen registros. Tiene ante sí un menú de reformas largamente postergadas: acelerar la inversión en infraestructura con mecanismos que funcionen (OxI, APP con estándares de transparencia), devolverle previsibilidad al marco jurídico, recuperar la seguridad pública y cerrar las brechas de acceso a servicios básicos que el ranking señala como las más críticas.

No se necesita un plan refundacional. Existe un Plan Nacional de Competitividad y Productividad 2024-2030 con metas ya definidas MEF. Lo que ha faltado es voluntad política para ejecutarlo.

Lo que el ranking significa para quien no lo lee

El puesto 60 no es una abstracción para economistas. Significa que una familia en una zona rural espera años por una conexión de agua segura mientras el Estado demora cuatro décadas en cerrar la brecha. Significa que un emprendedor calcula dos veces si invertir en un país donde las reglas cambian con cada ciclo político. Significa que un trabajador compite en desventaja porque la infraestructura digital y educativa no le permitió desarrollar las capacidades que el mercado global exige.

La competitividad no es un lujo de países ricos: es la capacidad de un país de convertir su esfuerzo en bienestar. El nuevo gobierno tiene el diagnóstico y las herramientas. Lo que definirá su legado no es si heredó el puesto 60, sino si se atreve a moverlo.

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