Lo que va a heredar el que gane
Extorsión, un Congreso sin mayorías, presión fiscal y una legitimidad que nace partida en dos. El presidente que jure el 28 de julio no recibe un país en calma: recibe un mapa de incendios simultáneos donde el orden de ataque define la suerte del mandato.
Por Qhawaq

El presidente o presidenta que jure el 28 de julio no va a encontrar un país en pausa esperando su plan de gobierno. Va a encontrar incendios encendidos. Algunos arden hace años y se avivan solos. Otros son nuevos y responden a la lógica de un país que ya no espera al Estado para resolver sus conflictos: los resuelve como puede, o se los cobra.
El primer incendio está en las pistas. En lo que va del año, 64 choferes fueron asesinados por extorsión y el 99% de los bodegueros sufrió algún tipo de cobro de cupo, con gastos de hasta 7.000 soles al mes en seguridad (La República). La extorsión ya no es un delito: es un sistema económico paralelo que fija precios, asigna permisos y castiga con balas la mora. El Estado reacciona con operativos y capturas puntuales, pero el negocio se reproduce más rápido que la respuesta. Quien gobierne va a heredar un país donde la autoridad de la esquina la ejerce otro.
El segundo incendio está en el Congreso. Seis partidos, ninguno con mayoría, todos obligados a negociar (El Peruano). El Legislativo ya fue proclamado; el Ejecutivo no. Cuando el nuevo presidente llegue a Palacio, el Congreso ya habrá repartido comisiones, elegido mesa directiva y tomado posición. Gobernar sin mayoría nunca es fácil; gobernar sin mayoría frente a un Congreso que ya arrancó sin uno es una asimetría que ningún presidente ha tenido que administrar en el arranque mismo del mandato.
El tercer incendio es la presión fiscal. En junio, el Ejecutivo de salida dejó correr un globo de ensayo sobre alza de impuestos que los gremios frenaron en 48 horas, pero el problema de fondo no se fue con el amago: el déficit fiscal acumulado, la deuda que crece y un espacio de gasto que se estrecha obligan a quien llegue a tomar decisiones duras apenas se siente. Si el ajuste va por el lado del consumo, lo paga primero la bodega. Si va por el lado de la inversión, lo frena el crecimiento. No hay camino sin costo.
El cuarto incendio es la calle. El ganador, o ganadora, será proclamado con una diferencia de dos décimas y con medio país convencido de que hubo trampa. La marcha del viernes 19 no cambió el conteo: el JNE rechazó las nulidades el mismo día (Infobae). Pero la calle no se mide solo en asistentes; se mide en disposición a volver. Roberto Sánchez ya anunció nuevas movilizaciones. El próximo gobierno no empieza con crédito de legitimidad: empieza con un sobregiro de desconfianza que solo se paga gobernando.
Hay más. Los conflictos sociales mineros y agrarios que la transición puso en pausa. La reconstrucción pendiente tras el Niño Costero, que el BCRP ya incorporó en su proyección de crecimiento de 3,4% para 2026 (La República). La promesa del bicameralismo que ahora toca hacer funcionar. El mapa de lo que hereda el que gane no es una lista de tareas: es un tablero donde cada ficha se mueve al mismo tiempo y donde el orden de ataque define la suerte del mandato.
El 28 de julio no se jura sobre un país en calma. Se jura sobre un país que ya está ardiendo. La pregunta no es si el próximo gobierno va a enfrentar crisis; es si va a poder elegir cuál atender primero, o si las crisis van a elegir por él.