El gesto que no llegó: López Chau, Nieto y la prueba de gobernabilidad que Keiko no superó
Dos líderes de oposición pidieron a Keiko Fujimori ceder las mesas directivas del nuevo Congreso bicameral. La elección del 26 de julio respondió: el Senado se ganó por un voto viciado y la Cámara de Diputados quedó en manos opositoras. El Parlamento nace partido y con una deuda de legitimidad.
Por Qhawaq

El domingo 26 de julio de 2026, el nuevo Congreso bicameral eligió las mesas directivas de sus dos cámaras Andina. Con eso, el Perú cerró su regreso a la bicameralidad y puso fin a 33 años de unicameralidad continua El Peruano. Pero el gesto político que dos líderes de oposición le pidieron a Keiko Fujimori, ceder la presidencia de ambas cámaras, nunca llegó. O llegó a medias, que en política suele ser peor: el Senado se definió por un voto viciado a favor del fujimorismo y la Cámara de Diputados quedó en manos de la oposición. El nuevo Parlamento no nace con consenso: nace con dos mitades que se miran con desconfianza y una elección del Senado manchada desde el primer día.
La propuesta: un gesto que habría costado poco y valido mucho
El 15 de julio, en una reunión privada con Keiko Fujimori, Jorge Nieto, excandidato presidencial y líder del Partido del Buen Gobierno, le planteó que ceder las mesas convenía a su propio gobierno. Lo recordó después así: "Le he dicho que creo que para el país y para su propio gobierno es conveniente que las dos cámaras sean dirigidas por partidos de oposición" La República. Días más tarde, Alfonso López Chau, senador electo de Ahora Nación, lo repitió en público: "Sería un gran gesto ceder, no presionar. No es amenaza (para Fujimori), a ella le conviene" RPP. Ambos pedían lo mismo: que el fujimorismo no presidiera las dos cámaras La República.
No era una concesión ingenua. Con Fuerza Popular como primera minoría en ambas cámaras, 22 de 60 senadores y 41 de 130 diputados Diario EP, ceder las mesas directivas habría sido una señal de desprendimiento sin renunciar al control real de la agenda. En el Senado la mayoría simple es de 31 votos (60/2 mas 1) y en Diputados de 66 (130/2 mas 1): ningún partido la alcanza por sí solo. Gobernar el Congreso exige alianzas de todos modos. Ceder la presidencia habría sido gratis en lo práctico y rentable en lo simbólico.
La aritmética que mandó más que el gesto
Pero el gesto requería algo que el fujimorismo no ha practicado en su historia reciente: soltar. La aritmética empujaba en otra dirección. Sumando escaños, el bloque de Fuerza Popular y Renovación Popular reunía 30 votos en el Senado y 56 en Diputados; el de Juntos por el Perú, Obras y Ahora Nación, 23 y 56 respectivamente. En el centro, los 7 senadores y 18 diputados del Buen Gobierno tenían la llave Diario EP.
La oposición cerró filas detrás de Daniel Barragán (Obras) para el Senado y de Óscar Reto (Buen Gobierno) para la Cámara de Diputados. La bancada de López Chau, Ahora Nación, con 4 senadores y 10 diputados la más pequeña del Parlamento Diario EP, se sumó al acuerdo en lugar de disputar una mesa para sí. Fuerza Popular respondió con Miguel Torres para el Senado y respaldó a Norma Yarrow (Renovación Popular) para Diputados La República. La disputa estaba planteada.
El desenlace: un voto que vale un Senado
El domingo 26 de julio, la elección del Senado fue un espejo incómodo. La lista de Miguel Torres (Fuerza Popular) obtuvo 30 votos; la de Daniel Barragán (Obras), 29. Un voto apareció con ambos recuadros marcados, viciado de forma deliberada por alguien del propio bloque opositor. Como ninguna lista llegó al mínimo, se pasó a una segunda votación, y el resultado se repitió: 30 a 29, con otro voto viciado La República. Ganó Torres. Ganó Fuerza Popular. Por un voto. Los cuestionamientos recayeron sobre Juntos por el Perú, la bancada que debía votar en bloque por Barragán: la senadora Silvana Robles no mostró su cédula en el desempate La República. Miguel Torres quedó como presidente del Senado y, con ello, del Congreso en su primer año Andina.
En Diputados la historia fue distinta. La lista opositora encabezada por Óscar Reto (Buen Gobierno) se impuso con 74 votos frente a la de Norma Yarrow, en una sola votación Andina. La oposición articuló una mayoría clara que el oficialismo no pudo fracturar.
El resultado es un Congreso bicameral partido: un Senado oficialista por la mínima y una Cámara de Diputados opositora con holgura. Las dos cabezas del Legislativo miran en direcciones opuestas.
Lo que significa para el ciudadano
Para el peruano de a pie, esto no es una curiosidad de procedimiento parlamentario. Un Congreso partido desde el día uno es un Congreso que legisla con lentitud y fiscaliza con selectividad. La reforma de pensiones, la carrera pública meritocrática, la regulación de la minería informal: todas esas promesas de campaña necesitan mayorías que hoy no existen naturalmente en ninguna de las dos cámaras.
El verdadero costo del gesto que no llegó no es político: es de gobernabilidad cotidiana. Cuando el Senado se define por un voto viciado y Diputados se convierte en trinchera opositora, el ciudadano no gana ni un derecho, ni un servicio, ni un sol mejor administrado. Gana espectáculo. Y el espectáculo parlamentario, en el Perú, suele salir caro.