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3 ago 20263 min de lectura#opinion#educacion#agua-y-saneamiento#fact-check

Galarreta y el 40% de colegios sin agua: un dato impreciso que revela un problema mayor

El primer vicepresidente citó una cifra que no aparece en las estadísticas oficiales. Pero la brecha real es peor: más de la mitad de los colegios públicos no tiene agua por red pública, y más del 60% carece de desagüe conectado.

Por Qhawaq

Portada: Galarreta y el 40% de colegios sin agua: un dato impreciso que revela un problema mayor

La cifra que no encaja

Lo primero que un gobernante debe conocer es el país que va a administrar. Por eso inquieta que el primer vicepresidente electo, Luis Galarreta, haya declarado en Punto Final que «el 40% de los colegios no tiene agua y desagüe» y que esa cifra simplemente no exista en ninguna estadística oficial. PerúCheck verificó la afirmación y la calificó como imprecisa. El problema no es solo aritmético: es sintomático.

Lo que dicen los datos del MINEDU

El Censo Educativo 2025, citado por PerúCheck, evaluó 53,266 locales educativos públicos y midió agua y desagüe por separado, porque son servicios distintos. En agua, solo el 48.2% está conectado a la red pública; el 46.5% depende de sistemas alternativos (ríos, acequias, manantiales, pozos, camiones cisterna, captación de agua de lluvia), y el 5.2% simplemente no tiene servicio. En desagüe, apenas el 36.9% accede a la red pública, el 45.7% usa pozos sin tratamiento, tanques sépticos, biodigestores u otros sistemas, y el 17.4% carece de cualquier sistema. En el ámbito rural la fractura es más profunda: solo el 36.7% tiene agua por red pública y apenas el 22.9% cuenta con desagüe conectado.

El 40% no existe, pero la urgencia sí

La cifra de Galarreta es imprecisa, pero no por exagerada. Si hablamos de desagüe por red pública, más del 60% de los colegios carece de ella. Si hablamos de agua por red pública, más de la mitad. El 40% no captura la magnitud de la precariedad: la simplifica hasta volverla inútil. Como explicó a PerúCheck el economista César García, de la Red de Estudios para el Desarrollo, «depender de un río o de un pozo sin tratamiento no equivale a contar con el servicio». Esa distinción, entre tener algo y tener lo adecuado, es justamente la que una política pública seria debe hacer.

Gobernar con percepciones, no con evidencia

Un gobierno que aterriza con cifras redondeadas y de memoria está condenado a diseñar políticas que no atacan la raíz. Si el vicepresidente electo no conoce la dimensión real de la brecha de infraestructura escolar, ¿cómo va a priorizar la inversión? ¿Cómo explicará por qué una región necesita más recursos que otra? La política pública sin datos no es política: es intuición disfrazada de plan. Y la transición de gobierno es justo el momento en que un equipo entrante demuestra, o no, que entiende el país que va a gobernar.

Lo que está en juego

Detrás de cada porcentaje hay un niño que bebe agua de acequia o usa un baño que no existe. Más de 9,000 locales educativos no tienen ningún sistema de desagüe. Miles de estudiantes van a diario a escuelas donde el agua no es potable y los servicios higiénicos son un pozo. Esto no es una estadística: es una fábrica de enfermedades gastrointestinales, de ausentismo escolar, de niñas que al menstruar dejan de ir a clases porque no hay dónde asearse. Equivocar la cifra es un error menor. No comprender la profundidad de la brecha que esa cifra intentaba describir sería una falla que los escolares peruanos no se merecen.

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