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3 ago 20264 min de lectura#opinion#deficit-fiscal#el-nino#mef#prevencion#piura

El déficit fiscal baja y El Niño sube: la fragilidad detrás de la buena noticia

El MEF celebra la reducción del déficit a 1.3% del PBI, pero en Piura solo se ha ejecutado el 9.8% de las obras de prevención. El verdadero estrés fiscal no está en las cuentas de junio: está en lo que las lluvias pueden costar si el dinero asignado sigue sin traducirse en defensas ribereñas y colegios protegidos.

Por Qhawaq

Portada: El déficit fiscal baja y El Niño sube: la fragilidad detrás de la buena noticia

El déficit fiscal anualizado se redujo a 1.3% del PBI en junio de 2026, por debajo de la meta oficial de 1.8% para este año y de 1.4% para 2027 El Tiempo. Lo anunció el entonces ministro de Economía, Rodolfo Acuña, como una señal de fortaleza para responder ante emergencias como el Fenómeno El Niño. La noticia es genuinamente positiva: los ingresos fiscales crecieron 12.7% en el primer semestre, impulsados por los altos precios del cobre, y el gasto se ha contenido. Pero el número llega en un momento particular: el 28 de julio Keiko Fujimori asumió la Presidencia y su gabinete, presidido por Luis Galarreta, dejó el MEF en manos de Elmer Cuba La República. El nuevo equipo hereda la buena cifra y también la pregunta que las cuentas de junio no responden: ¿para qué sirve un déficit bajo si los recursos de la prevención se quedan sin gastar donde más se necesitan?

El dinero existe, pero no llega al terreno

De los más de S/ 4,200 millones que el Gobierno destinó a la estrategia de prevención y respuesta ante el Fenómeno El Niño 2026 a 2027 Forbes, S/ 3,065 millones se asignaron al Programa Presupuestal 0068, orientado exclusivamente a reducir el riesgo de desastres Revista Lombriz. De esa bolsa, al 6 de julio los tres niveles de gobierno solo habían ejecutado S/ 1,350 millones: el 44% del presupuesto disponible de ese programa Revista Lombriz.

El problema no es uniforme. Está concentrado en las regiones más expuestas. En Piura, donde el Minedu adelantó el cierre del año escolar al 27 de noviembre por el riesgo de lluvias intensas Caretas, los gobiernos locales y el gobierno regional apenas han ejecutado el 9.8% de los recursos destinados a obras de prevención Vigilante. En Tumbes, los gobiernos locales llegan al 13.2%. En Puno, la ejecución del programa presupuestal 0068, destinado a reducir la vulnerabilidad ante desastres, apenas alcanza el 17% El Búho.

No es un problema de recursos. Es un problema de gestión: expedientes técnicos sin completar, municipios sin personal capacitado, proyectos con cero de avance en Morropón, Talara, Paita, Las Lomas y Corrales.

La brecha entre lo fiscal y lo real

Hay dos narrativas que corren por carriles separados. En Lima, el MEF muestra un déficit que mejora mes a mes (de 2.1% en marzo a 1.3% en junio) y presenta la disciplina fiscal como el escudo del país frente a la emergencia climática. En Piura, la propia UGEL reporta que alrededor del 25% de los colegios públicos está en condición de alto riesgo Caretas y los escolares perderán semanas de clases que serán redistribuidas en feriados y semanas de gestión.

La distancia entre ambas realidades es el verdadero riesgo fiscal. Según el Cenepred, 3.49 millones de peruanos están expuestos a riesgo muy alto de inundaciones y 1.77 millones a huaicos y deslizamientos; a ello se suman 1.5 millones de viviendas, más de 36 mil instituciones educativas y 33 mil establecimientos de salud en zonas vulnerables Vigilante. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres estima que cada sol invertido en prevención puede ahorrar hasta quince soles en reconstrucción Vigilante. El Niño Costero de 2017 dejó pérdidas por más de US$ 3,000 millones, según el Banco Central de Reserva Vigilante. Si se repite un evento de magnitud similar, y los especialistas advierten que hacia fines de 2026 podrían coincidir un Niño Costero y un Niño Global Caretas, el espacio fiscal que hoy celebra el MEF podría evaporarse.

Lo que está en juego no cabe en una hoja de cálculo

Para una familia de Las Lomas, en Piura, el déficit fiscal de 1.3% es una abstracción. Lo concreto es si la quebrada que cruza su comunidad tendrá defensas cuando empiecen las lluvias. Para un escolar de Sullana, lo concreto es si su colegio resistirá o si perderá clases por tercer año consecutivo. Para un pequeño agricultor de Tumbes, lo concreto es si el drenaje pluvial funcionará o si el río volverá a llevarse su cosecha.

El déficit fiscal bajo es una buena noticia, pero es una noticia incompleta. La verdadera prueba de las finanzas públicas peruanas no está en los ingresos por cobre ni en la contención del gasto corriente. Está en la capacidad improbable de convertir los recursos asignados en obras ejecutadas antes de que el agua comience a subir. Y esa carrera, a inicios de agosto de 2026, se está perdiendo.

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