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2 ago 20264 min de lectura#opinion#congreso#fuerza-popular#renovacion-popular#keiko-fujimori

La alianza Keiko-López Aliaga: un bloque que se teje con afinidades, no con programa

Fuerza Popular y Renovación Popular ya controlan la Mesa Directiva del Senado con una lista conjunta. Lo que une a Keiko Fujimori y a Rafael López Aliaga no es un programa común sino la afinidad personal, y de ese pegamento depende cómo se gobierna.

Por Qhawaq

Portada: La alianza Keiko-López Aliaga: un bloque que se teje con afinidades, no con programa

El nuevo Congreso bicameral lleva menos de una semana en funciones y la alianza que va a marcar esta etapa ya dio su primer resultado concreto. El 28 de julio, el mismo día en que Keiko Fujimori asumió la presidencia, una lista conjunta de Fuerza Popular y Renovación Popular se quedó con la Mesa Directiva del Senado: la preside Miguel Ángel Torres, de Fuerza Popular, y lo acompaña como primer vicepresidente Alejandro Muñante, de Renovación Popular El Tiempo. El entendimiento que durante semanas se cocinó en reuniones privadas hoy es poder. Y lo que lo sostiene no es un programa común, sino la afinidad entre dos liderazgos que se reconocen como aliados naturales. En un país donde las alianzas sin contrato han terminado en fractura, eso debería importarnos.

La aritmética de la afinidad

Sola, Fuerza Popular no alcanza mayoría en ninguna de las dos cámaras. Es la primera fuerza con 63 parlamentarios: 22 senadores y 41 diputados Diario EP. Con los 23 de Renovación Popular (8 senadores y 15 diputados), la alianza llega a 86 de 190, alrededor del 45% del Congreso. No es mayoría, pero es el núcleo más sólido. La elección del Senado lo dejó a la vista: los 30 votos que impusieron la lista conjunta equivalen, uno a uno, a los 22 senadores de Fuerza Popular más los 8 de Renovación Popular, y ganaron por un solo voto sobre los 29 de la oposición El Tiempo.

López Aliaga también tendió puentes con Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno, 25 escaños), Ricardo Belmont (Obras, 19) y Alfonso López Chau (Ahora Nación, 14) Diario EP. "He tenido reuniones con casi todos", resumió, y sobre Nieto dijo: "Tenemos los mismos puntos de agenda. Lo que queremos resolver está claro; la diferencia es cómo" La República. Pero esa cortesía no cuajó en alianza: esos tres partidos terminaron en el bloque opositor que se quedó con la Cámara de Diputados, presidida por Óscar Reto Otero, del Partido del Buen Gobierno El Tiempo. La afinidad que sí resistió fue la otra. Sobre Keiko, López Aliaga dijo que "ha madurado muchísimo, no es la persona que yo conocía hace 5 años" RPP.

El lenguaje es revelador. No se habla de un programa legislativo común ni de reformas con plazos, sino de personas que cambiaron y de afinidades redescubiertas. La coalición se construye sobre la confianza personal, no sobre un contrato político.

El método Bukele como promesa y como símbolo

De esa reunión con Keiko salió el único compromiso concreto que se conoce. Según López Aliaga, la presidenta le anunció: "Voy a hacer el método Bukele. En El Salvador se demoran ocho meses. Yo lo hago en siete" El Tiempo. La promesa responde a un problema real: según la Defensoría del Pueblo, la población penitenciaria es de 103,337 personas privadas de libertad frente a una capacidad instalada de 41,764 plazas, un hacinamiento que deja a miles de internos durmiendo en pasadizos Defensoría del Pueblo. Pero el dato también expone el talón de Aquiles de esta alianza: una meta que exige presupuesto, estudios técnicos, licitaciones y un marco legal que el propio Congreso debe habilitar.

Y ahí aparece la paradoja. La bancada de Renovación Popular anunció que vigilará y supervisará desde el Congreso que las cárceles estén listas en siete meses El Tiempo. El mismo bloque que se ofrece como aliado del gobierno se presenta también como su fiscalizador. Es un equilibrio precario que solo se sostiene mientras la lealtad personal no flaquee.

Lo que está en juego para el ciudadano

Las alianzas legislativas no son un asunto de élites. De ellas depende si el nuevo gobierno aprueba un presupuesto que financie hospitales, comisarías y escuelas, o si cada votación se convierte en un regateo de favores. La coalición que ya controla el Senado puede darle a Keiko Fujimori la gobernabilidad que el fujimorismo no tuvo ni en sus mayorías más amplias. Pero si el pegamento son las lealtades y no los programas, el ciudadano queda fuera de la ecuación: las decisiones se toman en cenas, no en comisiones.

El riesgo no es que haya diálogo, eso es saludable en democracia, sino que el diálogo reemplace al debate público sobre qué país queremos. Cuando López Aliaga dice "le dije que, si necesita a alguien que represente al país, cuente conmigo" La República, no describe un plan de gobierno. Describe una lealtad. Y la lealtad, sin contrapesos, es la antesala del clientelismo.

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