La promesa del gabinete de unidad de Keiko: el gesto que no borra la herida
Keiko Fujimori ofrece reconciliación y un gabinete abierto a otras fuerzas políticas, pero el anuncio llega sin nombres, sin contactos concretos y con un historial que desmiente la vocación de tender puentes.
Por Qhawaq

Keiko Fujimori ganó la segunda vuelta del 7 de junio con el 50,121% de los votos válidos y una diferencia de algo más de 44.000 sufragios frente a Roberto Sánchez, según el conteo oficial de la ONPE (Caretas). El país quedó partido en dos mitades casi idénticas. Con ese telón de fondo, el jueves 25 de junio la candidata de Fuerza Popular visitó Villa María del Triunfo y lanzó la promesa más ambiciosa de su cuarta campaña: un gobierno de unidad nacional, con un gabinete que vaya más allá de su partido.
"Vamos a tener un gran equipo, un equipo que vaya más allá de nuestro partido, un equipo que tenga experiencia, pero sobre todo que tenga la camiseta del Perú bien puesta", dijo ante madres de un comedor popular (RPP). Pidió "tender puentes" y "volvernos a abrazar". Las palabras son las correctas. El problema es que, por ahora, son solo palabras.
Una promesa sin interlocutores
La reconciliación, hasta hoy, es un monólogo. A 24 horas del anuncio no hay un solo nombre de otra fuerza política que haya confirmado contactos. No se conoce una llamada, una reunión ni un gesto hacia los equipos de Roberto Sánchez, de Alfonso López Chau o de cualquier bancada que no sea la propia. La oferta de un gabinete de unidad fue una declaración ante simpatizantes, no una negociación con adversarios. Y sin interlocutores, un puente solo tiene un extremo.
El otro lado tampoco lo tiende
Del lado contrario, el panorama no es más alentador. Roberto Sánchez ya dijo que no reconocerá el gobierno de Keiko Fujimori (El Comercio) y esta semana reunió a López Chau y a Ricardo Belmont para anunciar un "frente por la recuperación de la democracia" (Caretas). La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea descartó irregularidades significativas (El Búho), pero la narrativa del fraude ya está instalada en una franja del electorado. La virtual presidenta se dirige a un país donde casi la mitad de los votantes escuchó a su contendor llamarla ilegítima.
Lo que el historial desmiente
El historial reciente tampoco invita a leer el anuncio como algo más que una maniobra para desactivar críticas. El 15 de junio, el Congreso, con los votos de Fuerza Popular, promulgó la Ley 32657, que redujo del 50% al 30% el mínimo de regiones donde un partido debe presentar candidatos para conservar su inscripción (El Búho). La norma benefició directamente a Fuerza Popular, que solo tenía presencia en 10 de 25 regiones. Mientras la candidata hablaba de unidad en los estrados, su bancada ajustaba las reglas electorales a su medida en el Parlamento.
Sin mayoría, gobernar exige aliados
La aritmética obliga a lo que el discurso ofrece. Fuerza Popular será la primera minoría en la Cámara de Diputados con 41 escaños, seguida por Juntos por el Perú con 32 y otras cuatro bancadas que suman 57 (La República). Nadie tiene mayoría. La pregunta no es si Keiko necesita un gabinete de unidad, lo necesita, sino si está dispuesta a construirlo con quienes hoy la consideran parte del problema y no de la solución.
Lo que se juega en tu vida
La reconciliación nacional no se anuncia en un mitin: se acredita con gestos. Y el gesto no es retórico, se mide en lo concreto. Un gabinete armado por reparto político y revancha es un gabinete que administra mal la salud, la economía y la seguridad. Uno armado con técnicos capaces, vengan de donde vengan, es el que mantiene un hospital con stock, un ministerio que ejecuta y un precio que no se dispara. La mitad del país que no la votó toma los mismos buses, va a las mismas postas y paga la misma canasta que la mitad que sí. A esa otra mitad no le sirve un abrazo en cámara: le sirve un Estado que funcione. Hasta que no haya nombres, llamadas y concesiones reales, el gabinete de unidad seguirá siendo un eslogan de campaña pronunciado en tiempo postelectoral, frente a un país que no necesita gestos sino gobierno.
Qhawaq