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1 jul 20264 min de lectura#opinion#transicion#fuerza-popular#gobernabilidad#bicameralismo

La oferta de diálogo de Keiko: aritmética antes que generosidad

La virtual presidenta tiende la mano a Roberto Sánchez, pero los números del nuevo Congreso revelan que necesita a Juntos por el Perú más de lo que sugiere el gesto. La narrativa de fraude del excandidato dificulta cualquier acercamiento real.

Por Qhawaq

Portada: La oferta de diálogo de Keiko: aritmética antes que generosidad

El lunes 29 de junio, apenas la ONPE completó el 100% de las actas escrutadas, Keiko Fujimori declaró que "las puertas del diálogo van a estar siempre abiertas hacia Roberto Sánchez y hacia todos los demás líderes políticos" (La República). La frase, dicha con tono conciliador, podía leerse como un gesto de madurez democrática tras una campaña feroz. Pero una mirada a la composición del nuevo Congreso bicameral sugiere que la mano tendida obedece menos a la generosidad que al cálculo.

La aritmética manda en ambas cámaras

Fuerza Popular obtuvo 22 de los 60 escaños del Senado y 41 de los 130 de la Cámara de Diputados, según los datos del JNE consolidados por el Consorcio RTC (Revisa Tu Candidato). Queda lejos de la mayoría simple en ambas: necesita 31 votos en el Senado y 66 en Diputados. Sin aliados estables no puede aprobar leyes, ratificar al gabinete ni sostener un presupuesto.

Juntos por el Perú, la fuerza de Sánchez, logró 14 senadores y 32 diputados, según la misma fuente. La suma de ambas bancadas, FP y JP, arrojaría 36 senadores y 73 diputados: mayoría holgada en las dos cámaras. Dicho de otro modo, la llave de la gobernabilidad la tiene hoy quien denuncia que lo vencieron "de manera irregular" (El Comercio). Esa es la paradoja que ordena el tablero: el adversario más ruidoso es también el socio más rentable.

Un puente agrietado antes de construirse

El problema no es solo la aritmética: es la narrativa. Sánchez ha anunciado que recurrirá a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por una "grave afectación al proceso electoral" (El Búho). Mantiene viva la tesis del fraude mientras Fujimori lo invita a conversar. La contradicción es difícil de sostener: no se construye una alianza de gobierno con quien afirma, al mismo tiempo, que tu victoria es ilegítima.

A esto se suma un margen de apenas 49 641 votos, 50.135% contra 49.865% (La República). Un país partido por la mitad no se reconcilia con frases de buena voluntad. Se necesitan gestos concretos, y el principal, reconocer el resultado sin adjetivos, sigue ausente del lado de Juntos por el Perú.

Las alternativas que le quedan a Fuerza Popular

Si JP se niega al pacto, Fuerza Popular puede buscar otras combinaciones. La más inmediata es Renovación Popular, que ya la felicitó y suma 8 senadores y 15 diputados, según la misma fuente. Pero incluso juntos, 30 senadores y 56 diputados, se quedan cortos: en el Senado les falta un voto para la mayoría simple. Norma Yarrow lo resumió con franqueza: "Apostamos por Keiko Fujimori, pero no hemos firmado un cheque en blanco" (El Comercio).

Eso obliga a sumar a un tercer actor, como el Partido del Buen Gobierno (7 senadores, 18 diputados) o el Partido Cívico Obras (5 senadores, 14 diputados), encareciendo cada negociación y multiplicando los vetos. La alternativa de un gran acuerdo con JP resolvería el problema de una sola vez, pero choca con un obstáculo que la aritmética no despeja: Fuerza Popular y Juntos por el Perú están en extremos opuestos del espectro político. La mayoría existe en el papel; en la ideología, no.

La primera prueba llega pronto

El cálculo deja de ser teórico el 28 de julio, cuando el nuevo Congreso se instale y deba elegir su Mesa Directiva y, poco después, dar o negar el voto de confianza al primer gabinete de Fujimori. Ahí se verá si la oferta de diálogo construyó algo o si fue solo un anuncio. Una bancada que llega convencida de que el resultado fue un fraude no entrega votos de confianza: los cobra.

Lo que está en juego para el ciudadano

Mientras la clase política negocia escaños, el país espera. Keiko Fujimori ha mencionado dos prioridades: recuperar el orden interno y preparar al país frente al fenómeno de El Niño (La República). Ambas requieren presupuesto, decretos y respaldo parlamentario. Si el nuevo Congreso arranca empantanado en una guerra de narrativas, legitimidad contra fraude, las obras de prevención, la seguridad ciudadana y la inversión pública quedarán en pausa.

El ciudadano no vive de gestos. Vive de que el desagüe funcione, de que la comisaría responda, de que el empleo no desaparezca. El riesgo no es que Fujimori no tenga mayoría: es que solo pueda construirla con socios que le niegan legitimidad al resultado, y que cada ley se pague con una concesión. Un Congreso donde la segunda fuerza insiste en que el resultado es irregular es un parlamento que arranca con el freno de mano puesto.

La oferta de diálogo de Keiko Fujimori es correcta en la forma. Pero sin un reconocimiento pleno del resultado por parte de Juntos por el Perú, seguirá siendo lo que es hoy: una jugada de tablero, no un puente hacia la reconciliación.

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