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1 jul 20263 min de lectura#opinion#fuerza-popular#relaciones-exteriores#legitimidad

La normalización de Fujimori: qué revelan las felicitaciones de la izquierda latinoamericana

Bolivia, Argentina, Colombia, Chile y Costa Rica reconocieron a Keiko Fujimori como presidenta electa sin condiciones ni alusiones a sus procesos judiciales. El episodio expone la soledad internacional del discurso de fraude de Roberto Sánchez y sitúa al Perú en un tablero regional que gira a la derecha.

Por Qhawaq

Portada: La normalización de Fujimori: qué revelan las felicitaciones de la izquierda latinoamericana

El lunes 29 de junio de 2026, minutos después de que la ONPE cerrara el conteo al 100% con una diferencia de 49 641 votos, gobiernos de América Latina reconocieron a Keiko Fujimori como presidenta electa del Perú. Los mensajes llegaron desde Bolivia, Argentina, Colombia, Chile y Costa Rica. También se comunicó con ella el secretario general de la OEA. El hecho, en apariencia protocolar, encierra una lectura política más profunda: la comunidad internacional ha decidido que la estabilidad institucional pesa más que las objeciones que aún resuenan dentro del país.

La soledad del discurso de fraude

El 23 de junio, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, denunció fraude en las elecciones y anunció que no reconocería un eventual gobierno de Fujimori. Sin aportar pruebas, cuestionó la validez del voto exterior y llamó a la resistencia, según recogió El País. Una semana después, el escrutinio concluyó con el 50,135% para Fujimori (9 223 396 votos) frente al 49,865% de Sánchez, una brecha de 49 641 sufragios, de acuerdo con los resultados de la ONPE al 100%.

La reacción internacional desmontó la narrativa del candidato derrotado. El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, ubicado en el campo progresista, calificó el resultado como "una nueva etapa que se abre para el país hermano" y expresó su "respeto a la voluntad democrática del pueblo peruano", reportó Erbol. Ni una palabra sobre el supuesto fraude. Ni un guiño a la resistencia que Sánchez intentaba encender.

El mismo tono emplearon el argentino Javier Milei ("La Libertad avanza en todo América", informó El Comercio), el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, y los mandatarios de Chile, José Antonio Kast, y Costa Rica, Laura Fernández, según Andina. El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, acordó reunirse con Fujimori el mismo día de la juramentación, informó El Comercio. En menos de 24 horas, el cerco diplomático alrededor de la presidenta electa quedó sellado.

Un continente que gira y un Perú que se alinea

El dato más revelador no es que la derecha continental celebre a Fujimori, eso era previsible, sino que la izquierda institucional haya optado por tender puentes en lugar de levantar trincheras. Bolivia, gobernada por un oficialismo que alguna vez fue cercano a Pedro Castillo, prefirió la estabilidad a la solidaridad ideológica. Es el reconocimiento más elocuente: el que llega de quien no comparte tu signo político.

La región ha virado. Con Milei en Argentina, Kast en Chile, De la Espriella en Colombia y ahora Fujimori en Perú, el eje del Pacífico sudamericano se tiñe de gobiernos conservadores. Las consecuencias para la política exterior peruana no son marginales: la Alianza del Pacífico recupera sintonía ideológica, la Comunidad Andina gana previsibilidad y el Foro para el Progreso de Sudamérica (Prosur) podría reactivarse como contrapeso a la Celac.

Lo que está en juego para el ciudadano

Que los gobiernos de la región reconozcan a Fujimori sin condiciones no es un gesto inocuo. Para el ciudadano peruano significa que el país no enfrentará el aislamiento diplomático que sí sufrió Venezuela tras elecciones cuestionadas. Significa que los tratados comerciales, la cooperación en seguridad fronteriza y la gestión de los flujos migratorios se tramitarán con interlocutores que validan al nuevo gobierno.

Pero también encierra una advertencia. El reconocimiento internacional puede funcionar como un escudo frente a las objeciones internas: si la comunidad internacional, incluida la izquierda democrática, legitima el resultado, el margen para impugnarlo desde dentro se reduce drásticamente. La transición queda blindada, pero el costo recae sobre la capacidad de la oposición para fiscalizar sin que cada crítica se lea como un intento de desestabilizar.

El Perú que asumirá el mando el 28 de julio no es el de 2021. Entonces, Pedro Castillo llegó con un continente mayoritariamente progresista y una mitad del país que nunca lo aceptó, y aun así el reconocimiento regional fue lento y, en algunos casos, condicionado. Hoy, Fujimori asume con un respaldo transversal y casi inmediato, y con una oposición que deberá decidir si se repliega en la denuncia o compite en la arena institucional. Afuera, el resultado ya quedó cerrado; adentro, todavía se disputa.

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