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24 jul 20264 min de lectura#opinion#gobernabilidad#ambiente#descentralizacion#vivienda

La falla que el Estado no veía: la lección del sismo de Pumpunya sobre la deuda en geología aplicada

La reactivación de la falla Altos del Mantaro, una estructura de 50 km que no figuraba en los mapas de peligro, dejó cinco muertos y reveló una brecha sistemática: el Perú no sabe cuántas fallas activas lo atraviesan ni tiene microzonificación sísmica para la mayoría de sus distritos en riesgo.

Por Qhawaq

Portada: La falla que el Estado no veía: la lección del sismo de Pumpunya sobre la deuda en geología aplicada

La falla que no existía hasta que mató

El 18 de julio de 2026, un sismo de magnitud 5.4 sacudió el sur del valle del Mantaro. El epicentro se ubicó a 14 kilómetros al sur-suroeste de Chupaca, Junín, y ocurrió a solo 9.5 kilómetros de profundidad. Murieron cinco personas, decenas resultaron heridas y unas 48 viviendas colapsaron en el anexo de Pumpunya y localidades vecinas, según el informe técnico del Instituto Geofísico del Perú (IGP) El Búho. Las aceleraciones del suelo alcanzaron 75 cm/seg², suficientes para tumbar construcciones de adobe y dañar incluso estructuras de ladrillo y concreto.

Lo revelador no fue la magnitud, sino el origen. El IGP identificó por primera vez a la falla Altos del Mantaro, una estructura de aproximadamente 50 kilómetros de longitud ubicada en el extremo suroeste de la cuenca, como la causante del sismo. Estudios geológicos anteriores indicaban que esta falla «no evidencia actividad sísmica importante». Tras el 18 de julio, la conclusión es distinta: «la falla está activa», sentencia el IGP Inforegión. Durante 72 horas se registraron diez réplicas, cuatro de ellas sentidas por la población.

El sismo de Pumpunya no fue un evento imprevisible. Fue un evento cuya causa geológica el Estado no había cartografiado.

Un mapa con más zonas oscuras que iluminadas

Hasta antes del sismo, la atención sísmica en el valle del Mantaro se concentraba en la falla Huaytapallana. La falla Altos del Mantaro simplemente no estaba en el radar de la planificación territorial. No es un caso aislado.

En octubre de 2025, el Ingemmet publicó un estudio en Puno que identificó catorce sistemas de fallas y ocho fallas geológicas activas asociadas a grandes sismos de magnitud superior a 6, varias de ellas ocultas bajo depósitos glaciares y zonas urbanizadas Gestión. La lista de hallazgos crece, pero el inventario nacional de fallas activas sigue incompleto. El monitoreo geodésico del IGP se ha concentrado por años en el sur: en 2019 el instituto reportaba solo 18 estaciones desde Ica hasta Tacna, con énfasis en la zona de silencio sísmico de Tacna-Arica IGP. El resto del país depende de estudios puntuales que avanzan más lento que la urbanización.

La microzonificación sísmica, la herramienta que permite saber cómo se comportará el suelo en cada distrito ante un temblor, es igualmente fragmentaria. Fuera de Lima, la mayoría de municipios en zonas de riesgo no cuenta con este insumo técnico. Sin microzonificación, los planes de ordenamiento territorial y los códigos de construcción se diseñan a ciegas.

Prevenir no se inaugura: la urgencia que la transición relega

El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) ha identificado 181 distritos en riesgo sísmico «muy alto» CENEPRED y 486 en riesgo «alto», según el informe recogido por Gestión Gestión. En esos distritos hay más de 11,700 infraestructuras de salud y educación expuestas, como ya documentó este medio El Estado del Perú. Están los colegios donde los niños pasan la jornada escolar y los centros de salud que deberían atender a los heridos tras un desastre.

El Plan Multisectorial ante Sismos 2026-2028 (PLANSIS) cuenta con S/196 millones para 56 intervenciones, pero la mayor parte, cerca de S/156 millones, se destina a redes de agua y bonos de reforzamiento a cargo del sector Vivienda, mientras que partidas como los estudios de riesgo sísmico del CISMID-UNI o la caracterización de fallas geológicas activas por el Ingemmet reciben montos marginales dentro del total PCM. No se cierra así la brecha de conocimiento geológico ni se refuerzan estructuralmente las infraestructuras críticas. Mientras tanto, el país atraviesa una transición de gobierno y la atención política está puesta en el reparto de Mesas Directivas del nuevo Congreso bicameral El Búho.

La geología no espera las transiciones. La actividad tectónica es constante. Lo que falta es la voluntad de mirar el suelo antes de que se mueva.

Dormir sobre una falla sin nombre

Detrás de cada mapa inconcluso y cada estudio no contratado hay una familia que construyó su casa sobre un terreno cuyo comportamiento sísmico nadie analizó. Hay un alcalde distrital que aprueba licencias de construcción sin saber si el subsuelo amplificará las ondas sísmicas. Hay un director de colegio que recibe a cientos de alumnos en una edificación anterior a la norma sismorresistente de 1998, como ocurre con cuatro de cada diez edificaciones educativas en el país Gestión.

La reactivación de la falla Altos del Mantaro no mató por su magnitud, sino porque nadie había dicho que esa falla existía y que el suelo de Pumpunya podía sacudirse a 75 cm/seg². La próxima falla sin nombre ya está bajo los pies de otra comunidad. La diferencia entre un susto y una tragedia depende de si el Estado decide cartografiarla antes de que despierte.

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