Ilích López: el congresista que se va y ya se ve presidente
Sin sentencia que lo inhabilite y con una investigación abierta por el caso «Los Niños», Ilích López dejó el Congreso y ya se proyecta a la Presidencia. No es una anécdota: es la radiografía de un sistema que no exige cuentas antes de aspirar al poder.
Por Qhawaq

«Voy a ser presidente del Perú. Voy a gobernar el país en algún momento de la historia.» Lo dijo Ilích López Ureña en Huancayo, poco antes de que terminara su mandato como congresista por Junín y tercer vicepresidente del Congreso El Búho. No fue un desliz. Fue la hoja de ruta de un hombre que anunció que dedicará los próximos años a organizar una plataforma política. «Yo no me voy. Recién llego», remató.
La investigación que no frena una carrera
López figura entre los 13 congresistas investigados por el caso «Los Niños», la presunta red de parlamentarios que habría asegurado respaldo político al gobierno de Pedro Castillo a cambio de cuotas de poder en el aparato público América TV. Él niega integrar el grupo y no registra ninguna sentencia. Pero el expediente sigue abierto: el plazo legal de 36 meses para la investigación preliminar venció en mayo de 2026 y, más de dos meses después, la Fiscalía de la Nación todavía no decide si archiva el caso o presenta una denuncia constitucional. El Poder Judicial tuvo que ordenarle que resuelva de una vez.
Mientras la Fiscalía no define nada, el excongresista ya proyecta su siguiente cargo.
El filtro que la Constitución no pone
La arquitectura legal peruana es a la vez clara y laxa. El artículo 34-A, incorporado a la Constitución por la Ley 31042, solo impide postular a cargos de elección popular a las personas sobre quienes recaiga «una sentencia condenatoria emitida en primera instancia, en calidad de autoras o cómplices, por la comisión de delito doloso». Y el artículo 110 de la Constitución exige, para llegar a la Presidencia, ser peruano por nacimiento, tener más de treinta y cinco años de edad al momento de la postulación y gozar del derecho de sufragio. Nada más.
López cumple los tres requisitos y no arrastra condena alguna, ni en primera instancia ni en ninguna. La investigación por «Los Niños» sigue su curso, pero no pesa como impedimento: el sistema electoral no distingue entre un ciudadano sin causas pendientes y un exparlamentario con un proceso por presunta organización criminal a cuestas. El filtro no existe.
Lo que el ciudadano paga por este vacío
Que un político investigado por corrupción proyecte una candidatura presidencial sin que ninguna institución se interponga no es un problema abstracto. Cada vez que un caso como «Los Niños» queda en el limbo, 36 meses de investigación sin desenlace, el ciudadano aprende que el poder no rinde cuentas. Y cuando quien no rinde cuentas aspira a gobernar, la promesa de impunidad se vuelve proyecto político.
Ese ciudadano es el mismo que hace cola en un hospital sin medicinas, que paga un cupo para que su combi circule, que ve su comisaría sin gasolina. La corrupción que «Los Niños» investiga no es una abstracción jurídica: es la sustracción cotidiana de recursos que debieron ser suero, patrullero o carpeta fiscal. Cada peldaño que el sistema deja sin consecuencia es un servicio público que no llega.
La aspiración presidencial de Ilích López no necesita prosperar para ser reveladora. Basta con que la ley la permita.