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14 sep 20262 min de lectura#opinion#heladas#friaje#puno#altiplano#clima#desigualdad

Mientras el país se prepara para El Niño, el altiplano cierra otra temporada de heladas mortales

El termómetro llegó a 20.8 grados bajo cero en Puno este año. La temporada de heladas va de mayo a setiembre y mata cada año a los más vulnerables, mientras la atención del Estado se concentra en las lluvias que vienen.

Por Qhawaq

Portada: Mientras el país se prepara para El Niño, el altiplano cierra otra temporada de heladas mortales

El país mira la lluvia; el altiplano se congela

Mientras el Estado ensaya su respuesta al Fenómeno El Niño, que traerá lluvias e inundaciones a la costa, la sierra sur termina de atravesar el extremo contrario: una temporada de heladas que va de mayo a setiembre y que este año llevó el termómetro hasta 20.8 grados bajo cero en Mazo Cruz, Puno, la temperatura más baja registrada en 2026, según Caretas. El país tiene dos emergencias climáticas opuestas, pero una acapara los titulares y el presupuesto, y la otra se repite cada invierno casi en silencio.

No es un evento: es un calendario conocido

Lo que agrava el problema es su previsibilidad. Las heladas y el friaje no sorprenden a nadie: ocurren todos los años en el mismo periodo y en las mismas regiones. Este año el Senamhi activó la alerta naranja en 12 regiones ante el descenso de temperaturas, según Infobae. El Estado sabe cuándo llegará el frío, dónde golpeará y a quién: a los niños, los adultos mayores y las familias altoandinas que crían ganado sobre los 3,500 metros. Un riesgo que se conoce con meses de anticipación no admite la excusa de la sorpresa; admite, a lo sumo, la de la desidia.

La respuesta que llega después del frío

Cada temporada se repite el mismo guion: kits de abrigo, cobertizos para el ganado y atención de salud que se despliegan cuando las heladas ya empezaron a cobrar víctimas, no antes. La propia gestión estatal se ordena como respuesta a la emergencia declarada, no como prevención sostenida, como muestran los informes de la temporada de heladas y friajes (ReliefWeb). La neumonía infantil, la muerte del ganado que sostiene la economía familiar y las cosechas perdidas por la escarcha son el saldo previsible de esa tardanza. Prevenir cuesta menos que atender, pero exige planificar sobre un calendario que el Estado prefiere tratar como imprevisto.

Lo que se congela no es solo el agua

Para la familia de Mazo Cruz o Macusani, la helada no es una estadística de temperatura: es el hijo con neumonía, la alpaca muerta que era el ahorro del año, la papa quemada por el hielo. Y es también un mensaje sobre a quién ve el Estado: cuando la emergencia de la costa moviliza recursos y la del altiplano se administra con kits que llegan tarde, la geografía decide quién recibe protección y quién resiste a la intemperie. El Perú no necesita descubrir que hará frío en el sur; necesita dejar de actuar cada año como si no lo supiera.

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