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21 jun 2026#opinion

El Congreso ya está, el Presidente no

El JNE proclamó senadores y diputados con "garantías sólidas" pero la Presidencia sigue en el limbo hasta julio. En 2021 pasó lo mismo: 43 días de espera que esta vez se repiten con un país más tenso y un margen de dos décimas.

Por Qhawaq

Portada: El Congreso ya está, el Presidente no

El viernes 19 de junio, el presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, proclamó a los 60 senadores y 130 diputados del nuevo Congreso bicameral. Lo hizo con una frase que conviene retener: "producto de un proceso construido sobre garantías democráticas sólidas" (El Peruano). El Perú ya sabe quién va a legislar desde el 28 de julio. Lo que todavía no sabe es quién va a gobernar.

Esa es la anomalía del día. La misma institución que certifica con solidez al nuevo Parlamento es la que mantiene en pausa la proclamación presidencial. El propio JNE estima que el resultado oficial de la segunda vuelta recién llegará en la quincena de julio (Diario Correo). Keiko Fujimori lidera con 41.488 votos de ventaja sobre Roberto Sánchez: 50,113% contra 49,887% (Canal N). Dos décimas separan al ganador del perdedor, y sin embargo el país entra a la transición con un poder constituido y el otro congelado.

No es la primera vez. En 2021, la segunda vuelta entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori se celebró el 6 de junio; el JNE proclamó a Castillo recién el 19 de julio: 43 días después (RPP). El patrón se repite. Pero el contexto no es el mismo: ahora el margen es más estrecho, el perdedor no concede y la calle ya salió.

El efecto práctico de esta asimetría es profundo. El Congreso ya puede negociar su mesa directiva, repartir comisiones, trazar alianzas. Seis partidos tienen bancada (El Peruano) y ninguno tiene mayoría propia. La aritmética de los acuerdos ya empezó. Mientras tanto, el futuro Ejecutivo no puede armar gabinete, no puede tender puentes formales con esas bancadas, no puede preparar su primer mensaje a la nación con certeza jurídica. La presidenta Dina Boluarte sigue despachando, pero su gobierno es de salida desde que se convocó la segunda vuelta.

Burneo dijo que la proclamación del Congreso "tiene un significado histórico para la vida institucional del país, porque luego de más de tres décadas el Perú vuelve a contar con un Congreso bicameral" (El Peruano). Es cierto. Pero ese significado histórico convive con una incomodidad no menor: el país estrena Parlamento antes que Presidente. Sabe quién va a controlar antes de saber quién va a decidir.

El orden de los factores esta vez no es neutro. Un Congreso que ya existe, que ya se reúne, que ya calcula, es un Congreso que llega al 28 de julio con ventaja sobre un Ejecutivo que todavía no termina de nacer. La legitimidad de origen no está en duda para los legisladores: fueron proclamados por el mismo JNE que aún no cierra la elección presidencial. Pero esa misma dualidad, garantías sólidas para unos, conteo pendiente para el otro, alimenta la pregunta que sobrevuela la transición: ¿por qué lo que alcanza para el Congreso no alcanza para la Presidencia?

La respuesta técnica es conocida: las actas observadas, las impugnaciones, los plazos legales. Pero en política, cuando la explicación técnica no cierra pronto, la desconfianza ocupa el espacio vacío. Y el espacio vacío, esta vez, dura hasta julio.