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24 jun 20264 min de lectura#opinion

18 ministros de Economía en 10 años: la paradoja peruana

La rotación extrema en el MEF, cuatro ministros en el último año, promedio de 5.6 meses, convive con 25 meses de crecimiento continuo. Las anclas institucionales blindaron la macro, pero sin reformas estructurales el país vive de la inercia.

Por Qhawaq

Portada: 18 ministros de Economía en 10 años: la paradoja peruana

Dieciocho ministros de Economía en diez años. Entre julio de 2021 y marzo de 2026 el promedio de permanencia cayó a 5.6 meses, y en el último año la rotación se aceleró todavía más: cuatro ministros en doce meses, uno cada tres (La República, 18 mar 2026). Gerardo López duró 21 días; José Salardi, 102; José Arista, en su primer paso por el MEF, apenas 5 días durante el breve gobierno de Merino.

Y sin embargo, la economía peruana acumula 25 meses consecutivos de expansión y creció 3.73% en abril de 2026 (MEF, vía Andina). Ahí está la paradoja: el ministerio que conduce la política económica es el más inestable del gabinete, pero la economía no colapsa. ¿Cómo se sostiene algo así?

Las anclas que sostienen lo que la política sacude

La respuesta no está en el ministro de turno, sino en lo que lo rodea. Perú tiene tres anclas institucionales que operan como piloto automático: un Banco Central independiente con décadas de credibilidad, reglas fiscales que, aunque estiradas, ponen un techo al déficit, y el grado de inversión que obliga a todo gobierno a moderar los impulsos. A eso se suma una capa menos visible pero igual de decisiva: la tecnocracia estable de viceministerios y direcciones generales, que no rota con cada crisis política y que sabe ejecutar aunque arriba no haya timonel.

El resultado es una economía que aguanta. Pero aguantar no es lo mismo que transformar.

Los que hicieron algo mientras duraron

En medio de la turbulencia, algunos ministros alcanzaron a dejar políticas concretas. María Antonieta Alva (2019-2020) lanzó Reactiva Perú, el programa de garantías más ambicioso que ha tenido el país: S/ 60 mil millones, equivalentes al 8% del PBI, para créditos a empresas durante la pandemia (ComexPerú). Carlos Oliva (2018-2019) dejó el Plan Nacional de Competitividad y Productividad 2019-2030, una hoja de ruta que sigue vigente (MEF/CNC). Pedro Francke (2021-2022) alcanzó una ejecución récord de inversión pública: S/ 39,103 millones en 2021, la más alta registrada hasta ese momento (MEF, boletín anual 2021). Alex Contreras (2022-2024) impulsó el Plan Con Punche Perú, con S/ 3,458 millones en inversión pública en su primera fase (El Peruano, 5 may 2023).

La consolidación fiscal más reciente también merece atención. Al cierre de 2025 el déficit fiscal se redujo al 2.2% del PBI, tras dos años consecutivos de incumplimiento de la regla fiscal (MEF, 22 ene 2026). Fue un trabajo que atravesó varias gestiones: José Arista, José Salardi, Raúl Pérez-Reyes, Denisse Miralles, y que exigió medidas de austeridad en el último tramo del año.

Lo que no se hizo: la cuenta pendiente

El problema es lo que estos 18 ministros no alcanzaron a hacer. No por incapacidad, sino por falta de tiempo. Las reformas estructurales, tributaria, pensiones, informalidad, requieren años de impulso sostenido, negociación legislativa y continuidad técnica. Con un promedio de 5.6 meses, un ministro apenas llega a entender el despacho antes de que la crisis política lo saque.

El costo de la inercia se mide en leyes. Entre 2021 y 2026 el Congreso aprobó 268 normas con impacto fiscal adverso que comprometen cerca de S/ 36,700 millones al año, alrededor del 3% del PBI (Consejo Fiscal, vía El Comercio). Cada una fue una decisión política que el MEF, debilitado por la rotación, no logró contener. La cuenta, como ya escribí en este sitio, la hereda el próximo gobierno (El paquetazo que no fue).

Y la macro que crece no alcanza a tapar lo que la calle siente. El PBI sube, pero la informalidad ronda el 71% del empleo y la percepción de inseguridad trepa al 86.1%. Lo documenté hace unos días: el PBI no mide el miedo.

El MEF como vitrina, no como taller

El Ministerio de Economía se ha convertido en un cargo de alta exposición política y bajo poder real de transformación. El ministro comparece, anuncia, da confianza a los mercados. Pero reformar de verdad, no de palabra, depende de una permanencia que ya nadie le garantiza.

La evidencia de la última década es clara: las anclas institucionales alcanzan para que el barco no se hunda. No alcanzan para que avance más rápido, ni para que el pasajero sienta que el viaje mejora. Para eso hacen falta ministros que duren lo suficiente no para administrar la inercia, sino para romperla.

Mientras tanto, la silla del MEF sigue girando. La economía, por ahora, también.

Fuentes