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16 jun 2026#opinion

El PBI no mide el miedo

La economía peruana suma 25 meses creciendo. En la calle, la extorsión ya decide qué negocios siguen abiertos. Son dos economías en el mismo país, y el gobierno que asume el 28 de julio hereda las dos.

Por Qhawaq

Portada: El PBI no mide el miedo

Hay un número que da gusto repetir, y lo repito: la economía peruana creció 3.73% en abril y acumuló 25 meses seguidos de expansión (MEF, vía Andina). En un país que cambió de presidente más veces que de ministro de Economía, eso es casi un milagro de terquedad. La macro aguanta lo que la política sacude. Ya lo escribí antes y lo sostengo.

Pero hay un dato que ese número no ve, y conviene ponerlos lado a lado.

En 2025 se registraron 28,948 denuncias de extorsión, 42% más que el año anterior (datos oficiales, vía AP). No es una cifra de nicho: la extorsión ya toca a 1 de cada 4 peruanos (Ipsos, vía Infobae). Y el telón de fondo es el año más violento del que se tiene registro: 2,213 muertes violentas en 2025 (SINADEF, vía Infobae). Son personas, no un número.

El PBI mide lo que se produce y se vende. No mide la bodega que apaga las luces temprano para que no la marquen. No mide el cupo que se come el margen de un menú o de un mototaxi. No mide la inversión que no se hizo porque el riesgo no estaba en la tasa de interés, estaba en la esquina. Hay una economía que crece en el agregado y otra que se encoge en la vereda, y el mismo país las vive a la vez.

Ese es el punto que más me importa: las dos no le pegan igual a todos. Una empresa grande puede contratar seguridad privada, mudar la planta o, si todo falla, irse. La señora de una bodega o el de un puesto no tienen esa salida. Pagan el cupo o cierran. Y como cerca del 71% del empleo es informal (INEI), buena parte de esa economía vive sin contrato, sin denuncia fácil y sin red. La informalidad no es solo precariedad: es el terreno donde la extorsión crece más cómoda.

Hay algo más, y es económico aunque no lo parezca: el miedo. El 86.1% de los peruanos se siente inseguro, frente al 82.6% de dos años antes (INEI, vía Gestión). La victimización real ronda el 25%, así que el miedo pesa más que el hecho. Pero el miedo también es una variable de la economía. Cambia cómo inviertes, a qué hora abres, si contratas o no, si te quedas o te vas. Un país asustado produce distinto, aunque el PBI tarde en notarlo.

Por eso desconfío de un atajo que ya se escucha y que se va a escuchar más después del 28 de julio: señalar el crecimiento como prueba de que el país funciona. El gobierno que asume hereda las dos economías, no una. Y la hereda con un Congreso en el que el 90.4% de la gente no confía (CEPLAN). La legitimidad para pedir paciencia no le sobra a nadie.

No estoy diciendo que el crecimiento no valga. Vale, y mucho: es el piso desde el que se construye casi todo lo demás. Estoy diciendo que es un piso, no un techo, y que medir solo el piso deja fuera lo que más duele.

La prueba real del próximo gobierno no será mantener andando el reloj de la macro. Ese, con suerte, sigue solo. Será que la señora de la bodega pueda dejar las luces prendidas hasta tarde sin sacar la cuenta del riesgo. Esa es otra medición, y es la que decide si el crecimiento se siente o solo se anuncia.

El PBI seguirá subiendo. Yo voy a seguir mirando las dos cifras, la que crece y la que asusta, porque el país se vive en las dos. Pongo los dos números sobre la mesa con su fuente a la vista; la conclusión la sacas tú.

Fuentes