La pelea que no sale en la ceremonia
A siete días del cambio de mando, la disputa más intensa no es por Palacio sino por quién presidirá las dos cámaras del nuevo Congreso. El bicameral elige sus Mesas Directivas el 26 de julio, y en esa votación, más discreta que la del 28, se reparte el poder de decidir qué se debate y qué se archiva.
Por Qhawaq

A siete días del cambio de mando, la disputa más intensa de la política peruana no es por quién entra a Palacio, eso ya lo decidieron las urnas, sino por quién tomará la campanilla de las dos cámaras del nuevo Congreso. El bicameral elegirá a sus Mesas Directivas el 26 de julio, dos días antes de la transmisión del mando (La República). Esa votación, mucho menos vistosa que la del 28, define algo tan decisivo como la Presidencia: quién controla la agenda del Parlamento.
El reparto que se negocia
Las tratativas están en marcha y el patrón es reconocible (El Comercio). Fuerza Popular, la primera fuerza, prioriza quedarse con el Senado, la cámara de mayor peso político, y dejar la Cámara de Diputados a un aliado como Renovación Popular. Las bancadas de oposición, que en el papel suman lo suficiente para disputar al menos una presidencia, negocian para no quedar fuera del reparto. La aritmética manda, pero los acuerdos aún no están cerrados.
Por qué la campanilla pesa
Quien preside una cámara no es un maestro de ceremonias. Decide qué proyectos entran a debate y cuáles se archivan, qué comisiones se forman y qué denuncias avanzan o se diluyen. El presidente del Senado, además, encabeza el Congreso Pleno y forma parte de la línea de sucesión presidencial. Por eso la elección del 26 no es un trámite interno: es el momento en que se reparte el poder de fijar la agenda del país por cinco años.
Lo que está en juego para el ciudadano
Para el peruano de a pie, que la oposición presida al menos una cámara o que el oficialismo se quede con las dos no es un detalle de reglamento. Es la diferencia entre un Congreso que puede citar a un ministro, investigar una compra irregular o frenar una ley improvisada, y uno que se limita a acompañar al Ejecutivo. La bicameralidad vuelve tras tres décadas con la promesa de más control. Si ambas campanillas terminan en la misma mano, esa promesa nacerá vacía. El 26 de julio, antes que el 28, se sabrá qué tipo de Congreso tendrá el Perú.