La inseguridad como impuesto al consumo: cuatro de cada diez peruanos recortan sus salidas
El miedo ya no solo produce robos: modifica la economía de los hogares y de los pequeños negocios. La contracción se concentra en bodegas y restaurantes de barrio.
Por Qhawaq

La inseguridad ya no se mide solo en robos consumados: se mide en las salidas que nunca ocurren. El Barómetro de Seguridad de Verisure e Ipsos, con resultados de enero a julio de 2026, encontró que el 38% de los peruanos de zonas urbanas limita sus salidas por horarios (el cuatro de cada diez del titular, redondeado) y que el 36% evita salir solo Gestión. La medición se levantó cara a cara entre el 16 y el 19 de julio de 2026 sobre 1,005 personas, con un margen de error de ±3.1% Gestión. Esa retracción es, en los hechos, un impuesto que el miedo cobra por adelantado.
Un impuesto que no aparece en ninguna planilla
El consumidor ya hizo el cálculo antes que la política. No solo deja de salir de noche: el 22% cambió sus rutas o medios de transporte y el 14% abandonó actividades sociales Gestión. Un estudio de Apoyo Consultoría sobre el entorno laboral reporta, al 2025, que el 42% de los trabajadores evita salir después de cierta hora, el 30% ha reducido sus salidas y el 28% dejó de llevar dinero en efectivo Correo. Cada decisión es una venta que no ocurre, un plato que no se pide, una ronda que no se hace.
El canal de barrio absorbe el golpe
El daño no se reparte parejo. Las bodegas, el negocio de proximidad por excelencia, son la primera línea: la Asociación Gremial de Mujeres Bodegueras del Perú calculó más de S/6,000 millones en pérdidas y el cierre de al menos 2,600 bodegas entre enero y agosto de 2025 RPP. La Cámara de Comercio de Lima estima que la inseguridad puede costar a una empresa hasta 10% de sus ingresos, con las micro y pequeñas empresas como las más golpeadas El Comercio. La percepción acompaña: el 79% de los peruanos cree que los negocios de su zona están expuestos a la delincuencia Gestión.
El agregado, sin embargo, disimula la brecha. La actividad de restaurantes creció 5.07% en junio de 2026 y 5.51% en el primer semestre INEI. La lectura es otra: el consumo no desaparece, se reacomoda. Gana el formato protegido, el horario diurno y el reparto a domicilio; pierde la calle de noche y la tienda de esquina. La inseguridad no frena la demanda, la redistribuye contra los más pequeños.
La cuenta que paga el ciudadano
El costo también se cobra en salud y en vida pública. El 32% de los peruanos declara estrés o ansiedad al estar en la calle, frente al 23% de 2025 Gestión. Y hay una paradoja reveladora: nueve de cada diez se sienten inseguros y el 95% cree que la situación empeoró o sigue igual, pero solo el 10% invierte en alguna medida de seguridad Gestión. El miedo es masivo; la capacidad de protegerse, no.
Para el bolsillo, esto significa menos ingresos para el bodeguero y el restaurante de barrio, más gasto en transporte seguro o reparto a domicilio y menos opciones a la vuelta de la esquina. Para el ciudadano, es también un recorte de su derecho a la ciudad: a caminar, a reunirse, a vivir sin descontar cada salida del presupuesto. Mientras el debate siga pidiendo solo más policías y más facultades, la factura la seguirán pagando quienes ya no salen de casa y quienes, al otro lado de la reja, esperan a un cliente que decidió no llegar.