El anuncio sin números: una decisión diluida en el tiempo
El MEF anunció que la RMV subirá de S/1,130 a S/1,300 en dos tramos, sin montos ni fechas definitivos. La decisión reabre la brecha entre el salario mínimo y una productividad que ya no lo respalda, en un país con 70.2% de informalidad.
Por Qhawaq

El ministro de Economía, Elmer Cuba, reveló el 7 de agosto que el aumento de la Remuneración Mínima Vital (RMV) de S/1,130 a S/1,300 se aplicará en dos tramos: uno de aproximadamente S/100 antes de fin de año y otro de alrededor de S/70 después del verano de 2027, tras el Fenómeno de El Niño Andina. Las fechas exactas y los montos definitivos quedan en el aire, sujetos a lo que dictamine el Consejo Nacional de Trabajo, cuya opinión no es vinculante Andina.
El mecanismo es efectivo como táctica: el costo político de un aumento que inevitablemente irrita a gremios empresariales o decepciona a sindicatos se reparte en dos momentos. Pero revela también una incomodidad de fondo. El propio Cuba lo verbalizó sin ambages: "La técnica pura se queda en el aula. Y entonces acá performa [sic] la política" Andina. La confesión es inusualmente franca: el Ministerio de Economía reconoce que el criterio que manda no es el técnico.
Una RMV que ya supera la productividad
Los números no son nuevos. Según ComexPerú, la RMV peruana de S/1,130 se situaba en 2024 un 28.3% por encima del estándar internacional ajustado por productividad laboral; para alinearse con la competitividad de economías no pertenecientes a la OCDE, el salario mínimo debería ser como máximo S/799 ComexPerú. Con el nuevo piso de S/1,300, esa brecha se ampliará aún más.
El Banco Central de Reserva lo documentó en su estudio de diciembre de 2025: un salario mínimo más alto incrementa los costos de producción e induce la sustitución de trabajadores formales por mano de obra informal y por maquinaria, lo que deriva en menor producción, empleo y exportaciones netas BCRP. El hallazgo no es abstracto: en una economía donde 7 de cada 10 trabajadores ya son informales, según el INEI ComexPerú, subir la barrera de entrada al empleo formal sin mejorar la productividad equivale a empujar a más personas hacia la precariedad.
El 1% que gana ante el 70% que queda fuera
El Instituto Peruano de Economía calculó que, cuando la RMV subió a S/1,130 en enero de 2025, apenas el 1% de la población ocupada, 17 millones de trabajadores, recibió un aumento directo La República. El 20% de los ocupados ya ganaba por encima del nuevo piso y el 5% adicional es formal pero no dependiente; el resto, más del 70%, opera fuera de toda planilla.
El patrón es conocido. Desde el año 2000 se han registrado 13 incrementos de la RMV, la mayoría en períodos electorales o en momentos de baja aprobación presidencial La República. El anuncio de los dos tramos llega una semana después del Mensaje a la Nación, con un Congreso recién instalado y un gobierno que necesita mostrar gestión económica sin disparar la inflación ni quebrar a las microempresas formales fuera de Lima, el segmento que el propio Cuba identificó como el más vulnerable al aumento Andina.
Lo que significa para quien cobra el mínimo
Para un trabajador que hoy recibe S/1,130 al mes en planilla, el aumento prometido representa S/170 adicionales, pero solo cuando ambas etapas se completen, probablemente bien entrado 2027. Mientras tanto, cada nuevo sol que sube la RMV encarece la contratación formal de jóvenes sin experiencia, de trabajadores en regiones donde la productividad es menor y de pequeñas empresas que operan con márgenes estrechos.
El dilema no es si el sueldo mínimo debe subir. Es si el Perú puede darse el lujo de seguir fijándolo con el calendario político como brújula, en un país donde el 70.2% de los trabajadores no lo recibe ComexPerú y donde cada aumento sin respaldo de productividad ensancha, silenciosamente, la puerta de salida hacia la informalidad.