La receta que no llega: el desabastecimiento de medicamentos como primer test de gestión
Mientras la presidenta electa promete crecer entre 5% y 6% en 2027, los gremios alertan que EsSalud arrastra cerca de S/400 millones en deudas que amenazan el suministro de medicamentos a 12 millones de asegurados.
Por Qhawaq

La distancia entre el discurso y el almacén vacío
La presidenta electa Keiko Fujimori ha prometido que la economía peruana crecerá entre 5% y 6% en 2027, apenas asuma el mando El Comercio. Es una meta ambiciosa, necesaria y legítima para un país que busca expandir su producto. Sin embargo, el primer test de gestión del nuevo gobierno no se medirá en proyecciones macroeconómicas ni en grandes obras de infraestructura, sino en algo más terrenal y urgente: la capacidad de pagar deudas concretas que hoy impiden que un paciente oncológico reciba su quimioterapia a tiempo.
La Cámara de Comercio de Lima, la Sociedad Nacional de Industrias, Comex, ADIFAN y ADEX emitieron un comunicado conjunto el 20 de julio advirtiendo que el incumplimiento acumulado de pagos de EsSalud con los proveedores farmacéuticos pone en riesgo inminente el suministro de medicamentos Gestión. No es una carta de queja gremial: es una alerta de colapso en la cadena de abastecimiento que sostiene la salud de millones.
Doce millones de asegurados y S/400 millones en deuda
EsSalud atiende a más de 12 millones de asegurados en todo el país Gestión. No son una estadística: son trabajadores formales y sus familias cuya única opción de atención médica es el Seguro Social. Para ellos, una deuda impaga entre el Estado y un laboratorio no es una categoría contable: es la diferencia entre recibir o no recibir un tratamiento.
La cifra que manejan los gremios es contundente. La deuda acumulada con proveedores alcanzaría cerca de S/400 millones Gestión. Pero el problema no es solo el monto, sino la estructura que lo produce. Los gremios señalan que la reciente delegación de las compras y los pagos a las redes asistenciales eliminó la previsibilidad de los volúmenes de compra. Al sumarse a un régimen estricto de penalidades, los proveedores formales encuentran cada vez más difícil planificar producción, inventarios y financiamiento Gestión.
A este factor se suma otro externo que agrava la urgencia: el Fenómeno El Niño, que intensifica las enfermedades infecciosas y dispara la demanda sanitaria estacional Gestión. Sin proveedores disponibles, el sistema se expone a un cuello de botella que los discursos no resolverán.
La mejora que pende de un hilo
Es justo reconocer que la actual gestión de EsSalud ha mostrado avances. El presidente ejecutivo Jaime Moreno informó el 22 de julio que el desabastecimiento de fármacos e insumos críticos se redujo del 55% al 13.2% en apenas 30 días, con una meta de disponibilidad superior al 90% para el cierre de julio La Razón. Además, se adjudicaron compras de medicamentos oncológicos por S/182 millones y al asumir la gestión se encontraron entre 375 y 410 productos farmacéuticos sin existencias La Razón.
Pero esa mejora es reversible. Sin un cronograma vinculante de pagos que restablezca la confianza de los proveedores, la primera de las dos medidas que los gremios han propuesto, el abastecimiento de agosto, septiembre y los meses siguientes depende de la voluntad de laboratorios a los que el Estado les debe dinero Gestión. Y la confianza no se restaura con comunicados.
La segunda medida que los gremios ponen sobre la mesa es igual de concreta: una mesa técnica con alertas tempranas de desabastecimiento y soporte para los riesgos del Fenómeno El Niño Gestión. Son soluciones de gestión, no de ideología. No requieren reforma constitucional ni ley del Congreso. Requieren decisión.
Lo que no llega a la farmacia llega al cuerpo
Conviene recordar qué significa «desabastecimiento» fuera del lenguaje técnico. Significa que un paciente con diabetes no encuentra insulina en la farmacia de su hospital. Que una persona en diálisis espera sin fecha cierta. Que alguien con cáncer recibe la noticia de que su tratamiento se posterga porque el lote no llegó.
Los gremios ya advirtieron que las demoras para una cita en algunas especialidades alcanzan los 155 días Gestión. Sumarle a esa espera la incertidumbre de si el medicamento estará disponible cuando por fin llegue el turno es un nivel de desamparo que ningún indicador macroeconómico puede maquillar.
El nuevo gobierno recibirá un EsSalud con mejoras incipientes pero con un pasivo financiero y estructural que amenaza con devorarlas. La promesa de crecer entre 5% y 6% en 2027 será creíble solo si en los primeros días de gestión se anuncia, no un plan, sino un pago. Porque la receta que no llega no es una metáfora: es un comprimido que falta en el blister de alguien que no puede esperar.