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21 jul 20264 min de lectura#opinion#el-nino#economia#politica-fiscal

El Niño ya paralizó la cadena de pagos: la economía real se resiente antes que el discurso oficial

Empresas extienden plazos de pago a proveedores hasta 120 días como medida preventiva. Las pymes, que son el 99% del tejido empresarial peruano, cargan con el costo de una prevención estatal que aún no llega.

Por Qhawaq

Portada: El Niño ya paralizó la cadena de pagos: la economía real se resiente antes que el discurso oficial

El Fenómeno de El Niño no ha descargado todavía su peor cara sobre el territorio peruano, pero ya está golpeando donde más duele en una economía: la cadena de pagos. Empresas de sectores como agro, manufactura y comercio han comenzado a extender los plazos de pago a sus proveedores de los habituales 45 o 60 días a plazos que hoy alcanzan 90 y hasta 120 días, según confirmó Alexander Goldin, gerente general de Garantía Capital, en declaraciones recogidas por Andina. La medida busca preservar liquidez frente a la incertidumbre climática. Pero es también un termómetro: el sector productivo ya descuenta disrupciones que el Estado aún no ha sabido mitigar.

Un síntoma que habla antes que los comunicados

Ampliar los plazos de pago no es una decisión contable neutra. Es una señal de que las empresas grandes anticipan interrupciones en la cadena de suministro, incrementos de costos operativos y una contracción de la demanda. Están blindando su caja antes de que el golpe llegue. El problema es que ese blindaje se construye sobre la espalda de los proveedores, que deben esperar el doble o el triple de tiempo para cobrar por bienes y servicios ya entregados.

Los proveedores recurren al factoring para obtener liquidez inmediata, una herramienta útil pero que no es gratuita: implica ceder un margen del valor de la factura por adelantar el cobro. La cadena de pagos no se ha roto, pero se ha tensado peligrosamente.

Las pymes: el eslabón que cede primero

El fenómeno no afecta a todos por igual. Las pequeñas y medianas empresas operan con recursos limitados y un retraso de algunas semanas en los pagos puede descuadrar su flujo de caja. No es una advertencia abstracta: la Cámara de Comercio de Lima estima que los costos operativos de las pymes se incrementarán entre 5% y 15% por el impacto de El Niño, y los costos de transporte podrían dispararse entre 20% y 30% si hay bloqueos de carreteras o puentes inhabilitados. En el norte del país, las ventas de algunas empresas podrían desplomarse entre 10% y 30%.

Conviene recordar de qué estamos hablando: las micro y pequeñas empresas representan el 99.2% del tejido empresarial peruano. Cuando la cadena de pagos se tensa, no es una abstracción financiera: es el taller metalmecánico que no puede comprar insumos, la empresa de transporte que no paga el combustible, el agricultor que no cubre la siguiente campaña.

S/300 millones contra S/16,000 millones: la brecha de la respuesta oficial

Mientras las empresas ajustan sus condiciones comerciales en semanas, la respuesta del Estado avanza a otro ritmo. El Gobierno autorizó el 19 de julio el uso de hasta S/300 millones para atender emergencias por El Niño, pero los recursos están condicionados a que se declare el estado de emergencia nacional. Es decir, se activan cuando el desastre ya ocurrió, no para prevenirlo.

La magnitud del desfase es elocuente: Credicorp Capital Asset Management estima que El Niño le restará a la economía peruana alrededor de S/16,000 millones entre 2026 y 2027, equivalentes a más del 1% del PBI. Solo en 2026, el impacto sería de S/6,000 millones. La proyección de crecimiento ya fue recortada de 3.8% a 3.3%. Phase Consultores calcula que unos 200,000 puestos de trabajo podrían perderse.

Lo que está en juego para el ciudadano

Para la persona de a pie, esta historia se traduce en tres certezas incómodas. La primera: inflación. Credicorp proyecta que el precio de los alimentos sumará 1.25 puntos porcentuales a la inflación de 2026, elevando la proyección anual a 4.1%. El mercado ya lo descuenta, el ama de casa lo notará en el próximo mes. La segunda: empleo. Los sectores más expuestos, agro y pesca, son también los que más mano de obra absorben. Una contracción ahí no se compensa con el dinamismo de la construcción o los servicios. La tercera: desigualdad. Las empresas grandes retienen liquidez alargando plazos; las pequeñas financian esa espera con factoring, endeudándose para seguir operando.

El Niño no es solo un evento climático. Es una prueba de estrés para el tejido productivo. Y lo que hoy revela es un sistema donde la prevención la pagan los más chicos mientras la respuesta oficial sigue esperando la lluvia para abrir el paraguas.

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