El crecimiento que no protege: el estancamiento de la protección social como herencia del modelo peruano
Entre 2019 y 2024, el Índice Regional de Protección Social apenas avanzó de 0.49 a 0.50, pese a que la economía creció. El dato revela una falla estructural del modelo peruano: el Estado no redistribuye ni construye pisos mínimos. La presidenta entrante hereda no solo un déficit fiscal, sino una deuda social que el crecimiento no ha resuelto.
Por Qhawaq

La paradoja del 0.01
En cinco años, de 2019 a 2024, la economía peruana atravesó una pandemia, una recesión y dos años de expansión cercana al 3.5%. Sin embargo, el Índice Regional de Protección Social (IRPS), que mide en una escala de 0 a 1 el acceso a empleo formal, salud y pensiones, se movió de 0.49 a 0.50. Un avance de una centésima. El dato, publicado por Horizonte Laboral y el Departamento de Ciencias de la Gestión de la PUCP a partir de la Encuesta Nacional de Hogares 2024, no describe una crisis: describe un modelo que aprendió a crecer sin proteger (Gestión).
No es que el país no produzca. Produjo. El problema es que la producción no se tradujo en pisos mínimos de seguridad para quien trabaja, se enferma o envejece. Los datos del IRPS muestran que dos de sus tres componentes, empleo y salud, no mejoraron respecto a 2019. La dimensión empleo se mantuvo en 0.60, y la de salud, la más baja de las tres, en 0.29 (PUCP PuntoEdu). La expansión minera y el rebote pospandemia no alcanzaron a ensanchar la base de protección.
Dónde se rompe el puente entre crecer y proteger
Mayén Ugarte, presidenta de Horizonte Laboral, lo explicó con precisión: el crecimiento peruano se concentró en sectores como la minería, que generan riqueza agregada pero no necesariamente empleo formal masivo ni amplían los servicios que sostienen la protección social (Gestión). Las cifras lo corroboran: solo el 24.6% de la población económicamente activa tiene un empleo formal. Apenas el 26.3% está afiliada a un sistema de pensiones. Y solo el 18.9% recibe una consulta médica cuando enfrenta un problema de salud (PUCP PuntoEdu).
El Perú tiene aproximadamente 17 millones de personas en la PEA ocupada, pero solo 9.6 millones cuentan con un empleo adecuado, según advirtió la ministra de Economía, Denisse Miralles, en la presentación del IRPS (Diario Correo). La brecha no es marginal: es estructural. Y lo más revelador es que el puente que debería conectar el crecimiento económico con la protección social simplemente no existe en el diseño institucional peruano. Se crece por un carril y se protege, cuando se protege, por otro.
La geografía de la desprotección
El IRPS desagregado por regiones expone un país partido en dos. Callao lidera con 0.80, mientras Ayacucho, Cajamarca y Puno permanecen en la base, atrapadas en un rezago que cinco años de crecimiento no lograron mover (Gestión). Mientras regiones del sur como Moquegua, Arequipa y Tacna muestran una oferta de salud más consolidada, las regiones andinas y amazónicas siguen rezagadas. En pensiones, la mayoría de adultos mayores continúa trabajando después de la edad de jubilación porque no tiene cobertura. En salud, incluso quienes tienen algún tipo de seguro enfrentan gastos de bolsillo y largos desplazamientos para atenderse.
Lo que significa no tener piso
Las cifras del informe tienen traducción directa a la vida cotidiana. El laboralista Jorge Toyama, en la misma presentación del IRPS, resumió la magnitud del problema: el 74% de los jóvenes peruanos son informales, el 59% no está afiliado a ningún sistema de pensiones y el 81% no accede a consultas médicas oportunas (Diario Correo). No son estadísticas abstractas: son tres de cada cuatro jóvenes sin contrato ni CTS, seis de cada diez trabajadores que envejecerán sin pensión, y ocho de cada diez personas que postergan su salud porque el sistema no las alcanza.
Este es el rostro humano del 0.01. Un país donde el crecimiento económico puede convivir durante años con un sistema que deja a la mayoría sin red. Donde la protección no es un derecho que se adquiere por ser ciudadano, sino un privilegio que se obtiene, si acaso, por tener un empleo formal.
La herencia que no figura en el déficit fiscal
El informe se publica cuando el país se prepara para un cambio de gobierno. Keiko Fujimori, que ganó la segunda vuelta y será proclamada el 3 de julio (La República), heredará no solo un déficit fiscal que ya conoce, sino una deuda social que el crecimiento económico no ha resuelto. No es un problema de un gobierno ni de un ciclo: es la consecuencia de un modelo que mide el éxito en puntos del PBI y no en la capacidad de la gente para enfermarse sin arruinarse, envejecer sin trabajar o buscar empleo sin caer en la informalidad.
La propia ministra de Economía, Denisse Miralles, lo advirtió durante la presentación del IRPS: "Mejorar la calidad del empleo, fortalecer la protección social y reducir las desigualdades territoriales son tareas urgentes, y en los últimos años estas diferencias se están agravando" (Diario Correo). Que lo diga quien administra las cuentas públicas es una señal: el margen para seguir creciendo sin proteger se está agotando.