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17 sep 20262 min de lectura#opinion#bicameralidad#congreso#senado#camara-de-diputados#de

El bicameralismo que debutó sin manual: Diputados y Senado se pisan las competencias

La fricción por la delegación de facultades exhibe un diseño que nunca resolvió quién decide qué. La emergencia espera mientras las dos cámaras se interpretan a sí mismas.

Por Qhawaq

Portada: El bicameralismo que debutó sin manual: Diputados y Senado se pisan las competencias

La pregunta que la reforma dejó sin responder

La nueva arquitectura legislativa reparte las cámaras, pero no zanjó lo esencial: hasta dónde puede el Senado tocar lo que aprueban los diputados. La Constitución reformada establece que, aprobada una ley en la Cámara de Diputados, el Senado la "aprueba o modifica" y remite la autógrafa al Ejecutivo (El Peruano). No hay mecanismo de ida y vuelta ni comisión que resuelva discrepancias: si el Senado modifica, su texto es el que vale. Lo que la norma no define es el alcance de esa palabra, "modifica". El reglamento intentó acotarla con una fórmula: mediante las modificaciones "no se puede incorporar materias distintas" a la propuesta enviada por los diputados (El Comercio). Una frase así es un campo de batalla, no una regla.

La delegación de facultades como prueba de estrés

La fricción no es teórica: se exhibe esta semana con el pedido de facultades del Ejecutivo. La Comisión de Desarrollo Agrario de Diputados aprobó su informe favorable con 11 votos a favor y 8 en contra (El Comercio), en materias atadas a la emergencia del Fenómeno El Niño. La Constitución exige que esa delegación se haga por ley autoritativa (El Peruano), lo que obliga a que el texto pase después por el Senado. Y ahí se abrió la grieta: Fuerza Popular sostiene que la cámara alta podría reponer puntos del proyecto original del Ejecutivo que los diputados descartaron, mientras la oposición replica que eso excede el reglamento. Senadores fujimoristas advierten, a su vez, que la lectura opositora reduciría al Senado a una "mesa de partes" (El Comercio).

Por qué importa quién tiene la última palabra

La disputa no se resolverá por la calidad de los argumentos, sino por aritmética. Aprobar modificaciones en el Senado, de 60 escaños (El Peruano), exige 31 votos; el fujimorismo y Renovación Popular suman 30, que bajan a 29 si se descuenta al senador que hoy es ministro del Interior (El Comercio). La Comisión de Constitución del Senado, llamada a emitir una opinión consultiva, está empatada entre bloques (El Comercio). Las reglas de juego de la nueva legislatura se están decidiendo por empates y por un voto, no por un diseño claro.

El costo lo paga quien espera

Mientras las cámaras discuten quién puede decidir qué, el reloj de la emergencia corre. El informe aprobado menciona maquinaria para descolmatación, saneamiento de obras hidráulicas y créditos para atender emergencias en el sector agrario (El Comercio): medidas concretas para que un próximo embalse o desborde no se lleve chacras, caminos y precios. Un Parlamento que se interpreta a sí mismo en cada trámite no solo retrasa al Ejecutivo; traslada la incertidumbre a la canasta familiar, a la prevención de desastres y a la certeza de las reglas. El bicameralismo podía elevar la calidad legislativa; debutó, en cambio, sin manual. Y la primera víctima es la capacidad del Estado de responder a tiempo.

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