Bicameralidad sin reglas claras: el nuevo Congreso arranca con más vacíos que certezas
A veinte días de iniciar funciones, el Parlamento bicameral no tiene resueltos el reparto de oficinas, la depuración del personal ni la coordinación entre cámaras. Mientras los legisladores negocian cuotas, la agenda ciudadana espera.
Por Qhawaq

El nuevo Congreso bicameral inicia funciones el 28 de julio y ya tiene tres reglamentos aprobados: el del Congreso (153 artículos), el de la Cámara de Diputados (197) y el del Senado (204), oficializados en noviembre de 2025 mediante resoluciones legislativas publicadas en El Peruano. Pero tener normas no es lo mismo que tener orden. La columna que Martín Hidalgo publicó hoy en El Comercio expone algo que debería alarmarnos: los acuerdos básicos para que el bicameralismo funcione en la práctica simplemente no existen, y el reloj ya corre.
Tres reglamentos, ningún manual de convivencia
Los números del nuevo Parlamento son imponentes: 130 diputados y 60 senadores suman 190 legisladores. Pero Hidalgo advierte que la maquinaria interna no está lista. Hay tres reglamentos, sí, pero nadie ha definido cómo se repartirán en la práctica las oficinas que hoy dependen de una sola Mesa Directiva: el Fondo Editorial, la Oficina de Cooperación Internacional o el área de Participación Ciudadana. Con dos Mesas Directivas, una por cámara, estos recursos se convierten en botín de una negociación que ni siquiera ha empezado. Hidalgo lo resume con crudeza: "Es sabido que las reparticiones de estas oficinas son puestas sobre la mesa en la conformación de las listas para la Mesa Directiva".
El elefante en la planilla: más de 1,300 trabajadores y un concurso que no llega
El Congreso unicameral deja una planilla sobrepoblada. Con la incorporación de 60 senadores, los despachos sumarán más de 1,300 trabajadores, unos 400 asesores adicionales respecto a la era unicameral. La columna de Hidalgo señala que se habla de retomar un concurso público para decidir quiénes se quedan, algo que no ocurre desde hace más de 15 años. Pero la probabilidad de que ese concurso esté listo antes de agosto es, en sus palabras, casi nula. Mientras tanto, la mayoría de los legisladores no contrata personal técnico sino que paga favores de campaña con puestos en sus despachos. El resultado previsible: un Congreso que arranca con más gente pero no necesariamente con más capacidad.
Comisiones reducidas, intereses multiplicados
El tercer foco de tensión son las comisiones ordinarias. El número de cupos se ha reducido en comparación con el esquema unicameral, pero ahora hay dos cámaras que pelearán por presidencias y espacios. Hidalgo anota que difícilmente se priorizarán los perfiles técnicos para encabezarlas. En un escenario de negociación política intensa, la distribución de las comisiones definirá no solo quién manda sino qué temas avanzan y cuáles mueren antes de nacer.
Lo que está en juego: tu bolsillo, tu seguridad, tus derechos
Todo esto ocurre mientras el país tiene una agenda legislativa urgente que no puede esperar a que los legisladores terminen de acomodarse. Está pendiente la delegación de facultades legislativas que el nuevo gobierno necesita para gobernar, la ratificación de Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva, una señal de estabilidad que el mercado observa con lupa, el futuro del Reinfo, ese mecanismo que ha funcionado como un lavadero de la minería ilegal, y la Ley de Presupuesto 2027.
Cada día de parálisis en el Congreso no es una abstracción institucional: es un plazo que se vence para las transferencias a regiones, una decisión que no se toma sobre la formalización minera que financia el crimen organizado, una señal de inestabilidad que el dólar registra y que termina encareciendo lo que pagas en el mercado. La advertencia de Hidalgo no es una metáfora literaria: si el nuevo Congreso arranca sin reglas claras, el invierno no les va a caer encima a los legisladores. Nos va a caer a todos.