Ocho días para reordenar el poder
En una sola semana el Perú reorganiza sus dos poderes elegidos: los legisladores del Congreso bicameral juran el 24 de julio, sus Mesas Directivas se eligen el 26 y Keiko Fujimori asume la Presidencia el 28. La coreografía institucional está lista; falta saber si esos poderes se controlarán entre sí o marcharán juntos.
Por Qhawaq

A ocho días del cambio de mando, el Perú entra en la semana más densa de su calendario institucional. En apenas cuatro días se reorganizarán, casi al mismo tiempo, los dos poderes que salieron de las urnas. Los nuevos legisladores del Congreso bicameral juramentarán el 24 de julio y sus Mesas Directivas se elegirán el 26 (La República). Dos días después, el 28, Keiko Fujimori asumirá la Presidencia (Andina). Nunca en años el poder cambió de forma tan concentrada.
La coreografía está lista
El guion de la semana no deja cabos sueltos en lo protocolar. Primero se instala el Legislativo, con dos cámaras que el país recupera tras tres décadas. Luego el propio Parlamento elige a quienes lo conducirán, la pieza que define qué proyectos se debaten y qué denuncias avanzan. Y al final, el traspaso del mando presidencial. Cada acto tiene fecha, hora y ceremonia. Lo que ninguna agenda puede fijar es lo que de verdad está en juego: la relación entre esos poderes una vez que las alfombras rojas se enrollen.
Lo que la agenda no dice
Porque la pregunta de fondo no es cuándo, sino cómo se relacionarán. Un Ejecutivo y un Legislativo que salen del mismo bloque político pueden marchar juntos, y entonces la bicameralidad recuperada será una formalidad. O pueden equilibrarse, y entonces el país tendrá el contrapeso que dice buscar. La elección de las Mesas Directivas del 26 será la primera señal concreta: si el oficialismo se queda con la conducción de ambas cámaras, el mensaje será uno; si la oposición logra presidir al menos una, será otro muy distinto. En esa votación, más que en la ceremonia del 28, se decide el tono del quinquenio.
Lo que está en juego para el ciudadano
Para el peruano de a pie, esta semana de juramentos y traspasos no es un desfile de protocolo: es el momento en que se define quién podrá frenar a quién durante los próximos cinco años. Un Estado donde todos los poderes empujan en la misma dirección avanza rápido, pero también se equivoca sin freno. Uno donde se vigilan mutuamente es más lento, pero más difícil de capturar. El ciudadano no elige esa arquitectura en la semana del cambio de mando; la heredará ya armada. Por eso conviene mirar con atención no solo la foto del 28 de julio, sino la votación discreta del 26, donde se reparte el poder que la del 28 solo inaugura.