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18 jul 20262 min de lectura#punchaw#bicameralismo#congreso#transicion

La cámara que un Fujimori cerró, otra la reabre

El Congreso bicameral que Alberto Fujimori disolvió en el autogolpe de 1992 vuelve al Perú: los nuevos senadores y diputados juran el 24 de julio, cuatro días antes de que Keiko Fujimori asuma la Presidencia. La bicameralidad regresa 33 años después, y con ella la vieja pregunta: ¿contrapeso real o formalidad?

Por Qhawaq

Portada: La cámara que un Fujimori cerró, otra la reabre

A diez días del cambio de mando, el Perú recupera una institución que perdió hace más de tres décadas: el Congreso de dos cámaras. Los nuevos legisladores de la Cámara de Diputados y del Senado juramentarán el viernes 24 de julio (Andina), cuatro días antes de que Keiko Fujimori asuma la Presidencia el 28 de julio (Andina). La bicameralidad vuelve, y lo hace cargada de historia.

El círculo que se cierra

No es un detalle menor quién reabre las dos cámaras. El Congreso bicameral fue disuelto por Alberto Fujimori en el autogolpe del 5 de abril de 1992, y la Constitución de 1993 dejó al país con un Parlamento de una sola cámara (El Comercio). Treinta y tres años después, la bicameralidad regresa justo cuando la hija de aquel presidente se prepara para gobernar. La institución que un Fujimori clausuró la reestrena el país en vísperas de que otra Fujimori jure el cargo. La historia no se repite, pero rima.

El regreso, en marcha

El retorno ya está en curso: la Junta Preparatoria quedó instalada para conducir la transición hacia el nuevo Parlamento de dos cámaras (TV Perú). En el papel, dos cámaras significan más filtros: una revisa lo que la otra aprueba, y las leyes pasan por un tamiz adicional antes de convertirse en norma. Es el argumento con el que se vendió la reforma: menos leyes improvisadas, más deliberación.

¿Contrapeso o formalidad?

Pero la teoría solo se cumple si hay pluralidad real. Un bicameralismo donde una sola fuerza controla ambas cámaras no es un contrapeso: es el mismo poder con dos ventanillas. La pregunta que define el estreno no es cuántas cámaras hay, sino si alguna de ellas podrá decirle que no al Ejecutivo cuando haga falta. De eso, y no del número de curules, dependerá que la reforma valga lo que cuesta.

Lo que está en juego para el ciudadano

Para el peruano de a pie, recuperar el Senado no es una victoria en sí misma. Un Congreso de dos cámaras cuesta más, emplea a más políticos y tarda más en legislar. Ese costo solo se justifica si el resultado son mejores leyes y una fiscalización más seria: que una reforma tributaria, una ley de seguridad o un contrato de recursos naturales pasen por dos exámenes en vez de uno, y que ninguno sea un trámite. Si las dos cámaras terminan votando como una sola, el ciudadano habrá pagado el doble por el mismo Parlamento. El 24 de julio vuelven las dos cámaras; falta ver si vuelve, con ellas, el contrapeso.

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