La oposición de Sánchez: una alianza de emergencia que no disimula sus costuras
Juntos por el Perú, Obras y Ahora Nación suman 79 de 190 escaños con una coalición que nace más de la aritmética parlamentaria que de un proyecto compartido. Su solidez está por probarse.
Por Qhawaq

Lo que Sánchez anunció y lo que calló
El sábado 27 de junio, Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, confirmó una alianza parlamentaria con el Partido Cívico Obras, de Ricardo Belmont, y Ahora Nación, de Alfonso López Chau. La calificó como un bloque de "resistencia democrática" y aseguró que ya trabajan en una agenda legislativa común (RPP). Lo que no dijo es tan revelador como lo que sí: la alianza no disimula que nace de la necesidad aritmética, no de una coincidencia programática.
Cuánto pesa realmente este bloque, y cuánto resiste
Los resultados oficiales difundidos por el Diario Oficial El Peruano confirman que la Cámara de Diputados quedó conformada por seis fuerzas: Fuerza Popular con 41 escaños, Juntos por el Perú con 32, Partido del Buen Gobierno con 18, Renovación Popular con 15, Partido Cívico Obras con 14 y Ahora Nación con 10 (El Peruano). En el Senado, la distribución otorgó 22 representantes a Fuerza Popular, 14 a Juntos por el Perú, 8 a Renovación Popular, 7 al Partido del Buen Gobierno, 5 a Obras y 4 a Ahora Nación (El Búho).
Sumadas, las tres fuerzas alcanzarían 79 de los 190 escaños del Congreso bicameral. Es una cifra que, sobre el papel, superaría los 63 de Fuerza Popular y le daría al bloque de Sánchez la primera minoría. Pero ese cálculo solo funciona si la alianza se mantiene unida: y las costuras ya se notan. El propio Sánchez tuvo que salir a ratificar el 25 de junio que la alianza "se mantiene sólida" (El Comercio), una aclaración que nadie necesitaría si el pacto fuera realmente firme.
Tres proyectos, una sola urgencia
Obras es un movimiento cívico forjado en torno a la figura de Ricardo Belmont, exconductor de televisión sin trayectoria legislativa. Ahora Nación es una plataforma universitaria liderada por Alfonso López Chau, rector de la Universidad Nacional de Ingeniería. Juntos por el Perú es un partido de izquierda con base sindical y arraigo regional. Los tres comparten un antagonismo frente al fujimorismo, pero sus agendas económicas, sus diagnósticos sobre el rol del Estado y sus bases sociales son radicalmente distintas.
La alianza no nació de un congreso ideológico ni de una mesa programática. Nació de la urgencia: Juntos por el Perú reúne 46 escaños propios, 32 diputados y 14 senadores, y aun así Sánchez necesita sumar para presentarse como una oposición viable ante un eventual gobierno de Keiko Fujimori. Obras y Ahora Nación, sin candidato presidencial que haya llegado a segunda vuelta, necesitan a Sánchez para tener peso político en el nuevo Congreso. Es un matrimonio por conveniencia, no por convicción.
Los términos del acuerdo también generan ruido. Belmont ya obtuvo de Sánchez un compromiso público para gestionarle un canal de televisión nacional (Expreso), una promesa que suena más a trueque político que a agenda democrática. Cuando los pactos se cimentan en concesiones personales y no en principios compartidos, la cohesión del bloque depende de que cada factura se pague a tiempo.
Lo que el anuncio no resuelve
Tres preguntas quedan sin respuesta. Primera: ¿se registrarán como una bancada única o como tres bancadas aliadas? El Reglamento del Congreso establece reglas precisas para la constitución de bancadas, y tres partidos distintos no pueden simplemente fusionarse sin cumplir requisitos formales que aún no se han transparentado. Segunda: ¿quién coordinará el bloque cuando las agendas difieran? La historia parlamentaria peruana enseña que las alianzas sin proyecto común se deshacen en la primera votación divisiva. Tercera: ¿qué ocurrirá con los congresistas de Obras y Ahora Nación que tengan intereses regionales o sectoriales incompatibles con la línea de JP?
Lo que está en juego para el ciudadano
Para el peruano que madruga, que paga impuestos y que espera que el nuevo Congreso fiscalice y legisle con seriedad, esta alianza no ofrece certezas sino incógnitas. Un bloque opositor de 79 votos que se fracture ante cada decisión importante no es contrapeso: es una mayoría frágil que puede convertirse en parálisis. La "resistencia democrática" que invoca Sánchez corre el riesgo de transformarse, en los hechos, en un nuevo capítulo de ingobernabilidad donde las urgencias del país, salud, seguridad ciudadana, reactivación económica, queden atrapadas entre pactos precarios y lealtades condicionadas. El ciudadano merece una oposición que fiscalice con argumentos y propuestas, no una suma de siglas que solo coinciden en estar contra quien gobierne.