David Tuesta y el optimismo económico: ¿vientos a favor o tormenta de expectativas?
El exministro dice que el gobierno de Keiko Fujimori arranca con todos los vientos a favor. Los indicadores macro lo respaldan, pero la inseguridad, la conflictividad social y un déficit que resiste siembran dudas sobre si el optimismo sobrevivirá al primer golpe de realidad.
Por Qhawaq

En una entrevista publicada este sábado por El Comercio, el exministro de Economía David Tuesta afirmó que el gobierno entrante de Keiko Fujimori «empieza con todos los vientos a favor» (El Comercio, 19 jul 2026). La frase tiene asidero en los números gruesos: superávit comercial, reservas internacionales por encima de los US$100,000 millones y un déficit fiscal en descenso. Pero entre esas cifras y la vida del ciudadano hay una distancia que el optimismo no debería esconder.
La foto macro es real, pero la pintaron los commodities
Los datos que cita Tuesta son verificables. La balanza comercial acumuló un superávit de US$44,431 millones en los últimos doce meses a mayo de 2026 (Andina/BCRP, 18 jul 2026). Las reservas internacionales netas alcanzaron los US$100,076 millones en abril, un máximo histórico (AmCham, abr 2026). El déficit fiscal anualizado se situó en 1.3% del PBI en junio, por debajo de la meta prevista (El Tiempo, jun 2026). Y el precio del cobre, el principal producto de exportación peruano, se ha mantenido en niveles elevados durante todo el año, sostenido por la demanda de electrificación global y las interrupciones de suministro en los países productores.
Esa bonanza no es un milagro de la gestión doméstica: es, en buena medida, un regalo del mercado internacional. La presión tributaria peruana, apenas 14.6% del PBI al cierre de 2025 (Semana Económica, ene 2026), sigue siendo una de las más bajas de América Latina. Mientras la recaudación dependa más del precio del cobre que de la capacidad del Estado para gravar con justicia, los vientos pueden cambiar de dirección con un solo trimestre malo.
La inseguridad ya está frenando lo que los vientos quieren empujar
El optimismo de Tuesta choca con un dato que ningún indicador macro corrige por sí solo: en 2025 se registraron 26,748 denuncias por extorsión en el Perú, un incremento del 20% respecto a 2024 (La República, 3 jun 2026). Miles de pequeños negocios, bodegas, restaurantes, talleres, destinan hasta el 10% de sus ingresos mensuales a medidas de seguridad, desde cámaras hasta cupos pagados bajo amenaza. Ese 10% no va a contratar personal ni a expandir el local: va al agujero negro de la criminalidad.
No se trata solo de un problema de orden público. Es un lastre para la inversión. Como advirtió el economista Gustavo Meza, de la Red de Estudios para el Desarrollo, la extorsión «desalienta la inversión, limita la generación de empleo y afecta el crecimiento de los negocios» (La República, 3 jun 2026). Los vientos a favor de los que habla Tuesta no llegan a la bodega de la esquina ni al transportista que paga cupo para trabajar.
La cartera minera está ahí, pero el subsuelo social arde
Tuesta menciona una cartera de inversión minera superior a los US$60,000 millones. La cifra concreta, según el Observatorio de Conflictos Mineros, es de US$64,071 millones en 67 proyectos (Minería & Desarrollo, 16 jul 2026). Sin embargo, la Defensoría del Pueblo reporta casi 200 conflictos sociales activos en el país, de los cuales 64 están directamente vinculados a la minería y a disputas socioambientales (Minería & Desarrollo, 16 jul 2026). Regiones como Apurímac, Cusco y Puno concentran la tensión, y en todas ellas Fujimori perdió las elecciones.
La paradoja es evidente: los vientos a favor dependen de que esa cartera minera se active, pero la conflictividad amenaza con mantenerla congelada. Y el Fenómeno El Niño, cuya magnitud el ENFEN estima entre fuerte (48%) y moderada (46%) para el verano 2026-2027 (Andina, 15 jun 2026), ya está golpeando: el sector pesquero cayó casi 80% por la cancelación de la primera temporada de pesca, según afirmó Tuesta en la misma entrevista (El Comercio).
Lo que significa para el ciudadano
El déficit fiscal de 1.3% es una buena noticia para la solvencia del país, pero el ciudadano no come PBI ni paga el alquiler con reservas internacionales. Lo que siente en el bolsillo es el 10% de sus ingresos que se le va en protegerse del crimen, el precio de los alimentos que subirá si El Niño golpea la agricultura, y la obra pública que nunca se termina.
Los vientos a favor existen. Pero son vientos de altura, que refrescan los gráficos del BCRP y las presentaciones del MEF. A ras de suelo, donde el ciudadano trabaja, emprende y cría a sus hijos, lo que sopla es otra cosa. El gobierno que asume el 28 de julio hereda un cuadro macro envidiable; la pregunta es si sabrá traducirlo en seguridad, empleo y servicios antes de que los vientos cambien.