Inversión minera récord en el sur y producción de cobre en caída: la paradoja que la campaña evita
El sur recibe su mayor inversión minera en una década mientras nueve de las diez principales mineras producen menos cobre. La bonanza es de precios, no de producción.
Por Qhawaq

El sur peruano concentra hoy su mayor inversión minera en una década y, al mismo tiempo, la producción de cobre cayó en nueve de las diez principales empresas del país. Los dos datos no se contradicen: revelan un desajuste que la campaña regional prefiere no nombrar. El capital llega al sur, pero el metal sale menos.
El capital entra, el metal no sale
La idea fuerza es que inversión y producción responden a relojes distintos. Entre enero y julio, la inversión minera acumuló US$4,116.7 millones, un salto de 45.0% frente a los US$2,839 millones del mismo periodo de 2025, según el Ministerio de Energía y Minas. El impulso se concentra en el sur, que alcanzó su mayor nivel de inversión en una década por el desarrollo de Tía María y las inversiones de Antapaccay y Las Bambas, según el Instituto Peruano de Economía. Sin embargo, el cobre acumulado a julio creció apenas 2.2% y ese avance descansó en una sola operación: Antamina, que representa el 18.6% del total y creció 54%. El dinero que hoy se hunde en Tía María recién rendirá metal en 2028 o 2029, mientras las minas que sostienen el canon de hoy envejecen.
La caída tiene apellidos y una causa estructural
No es un tropiezo aislado. Cayeron Las Bambas, Cerro Verde, Southern, Quellaveco, Chinalco, Marcobre, Antapaccay, Hudbay y El Brocal: nueve de las diez mayores. La causa principal no es un mal mes ni una huelga, es la ley del mineral. Southern Copper produjo 3.5% menos cobre en el segundo trimestre, principalmente por leyes más bajas en Cuajone y Toquepala, y Cerro Verde bajó 6% su producción por una menor concentración de cobre en el mineral extraído. Se suma la conflictividad del corredor minero del sur, donde Las Bambas produce bien en sus mejores trimestres y mal en los peores según la suerte de los bloqueos, y una concentración que agrava cualquier tropiezo: Antamina, Las Bambas y Cerro Verde aportan el 48.4% del cobre nacional.
La bonanza es precio, no productividad
El dato más incómodo es que el Perú gana más por cobre porque el precio subió, no porque produjo más. A junio, el valor de las exportaciones acumuló un alza de 53.3% hasta US$19,455 millones, pero el volumen despachado apenas creció 1.6%. Cerro Verde lo muestra con crudeza: más que duplicó su utilidad neta a US$501.5 millones casi enteramente por el ciclo de precios, con el cobre a US$6.55 por libra frente a US$4.39 un año antes, mientras producía menos. Y el sur ilustra el costo: recibió el récord de inversión y aun así creció solo 1.6% en el primer semestre, por debajo del norte (4.4%) y del centro (3.2%), y alberga a dos de las tres únicas regiones en rojo del país: Cusco (-0.2%) y Tacna (-8.5%).
Lo que esto significa para el ciudadano
Para quien vive en Arequipa, Cusco, Apurímac o Moquegua, la promesa de reactivación se traduce en obras, empleo y servicios que se pagan con canon y regalías. Si la plata entra pero el metal sale cada vez menos, el anuncio de inversión no asfalta la carretera ni equipa el hospital de hoy: la producción que financiará ese canon llega en la próxima década y, aun así, dependerá de un precio que ningún gobierno regional controla. El canon de hoy es, en buena parte, un bienestar prestado de la cotización internacional, no construido por la productividad de la región. La pregunta que un ciudadano debería plantearle a su candidato no es cuántos millones anuncia, sino por qué, con la mayor inversión minera de la década, su región crece menos y su metal rinde menos. Esa es la conversación que la campaña está evitando.