El gabinete de Keiko: una apuesta entre la técnica y la lealtad
La inclusión de Elmer Cuba como economista y la presencia de fujimoristas históricos como Luis Galarreta revela un equilibrio frágil que puede definir la gobernabilidad temprana.
Por Qhawaq

El núcleo duro toma el centro
Keiko Fujimori confirmó el lunes 27 de julio los tres primeros nombres de su gabinete, a las puertas de asumir la presidencia. La señal más contundente no estuvo en el currículum de los elegidos sino en el mapa de lealtades que dibuja: Luis Galarreta, su primer vicepresidente y secretario general de Fuerza Popular, encabezará la Presidencia del Consejo de Ministros, según anunció la propia presidenta electa y recogió La República. Galarreta es el núcleo duro del fujimorismo: excongresista por tres períodos, expresidente del Congreso entre 2017 y 2018 y parlamentario andino durante el último quinquenio, según detalla Gestión. Es, además, uno de los dirigentes de mayor confianza de la presidenta electa, según recogió La República.
Poner a un operador político puro al frente del gabinete no es una decisión neutral. Es la declaración de que la gobernabilidad se negociará con los códigos del partido: disciplina interna, control de la agenda legislativa y lealtad antes que independencia. Galarreta conoce el Parlamento como pocos, y su gestión como presidente del Congreso estuvo marcada por una intensa confrontación con el Ejecutivo, según detalla Gestión. Su designación apunta a un Congreso bicameral, instalado hoy, donde Fuerza Popular controla el Senado pero no la Cámara de Diputados, según reveló La República.
La carta técnica que tranquiliza (pero sin independencia)
El segundo nombre oficial está en la otra orilla del gabinete: Elmer Cuba, anunciado como próximo ministro de Economía y Finanzas. Cuba es un economista con credenciales sólidas: exdirector del Banco Central de Reserva y socio de la consultora Macroconsult, como consta en su CV oficial del BCRP, con una trayectoria de análisis macroeconómico que el mercado reconoce, tal como reseñó La República. Su nombre busca enviar una señal de estabilidad a los inversionistas en un momento en que la economía peruana enfrenta los efectos del Fenómeno de El Niño, cuyo impacto en 2017 alcanzó el 1,6% del PBI, según recordó La República, y la incertidumbre comercial con Estados Unidos, que el 24 de julio impuso un arancel del 12,5% a exportaciones peruanas vinculadas al trabajo forzoso, como reportó La República.
Pero Cuba no es un tecnócrata ajeno al fujimorismo: integró el equipo técnico de Fuerza Popular durante la campaña de 2016, como documentó La República. Es un técnico con carnet, no un independiente. La pregunta no es si sabe de macroeconomía, sabe, sino si tendrá margen para decirle que no a Palacio cuando la disciplina fiscal choque con las urgencias políticas de un gobierno que arranca con promesas ambiciosas de gasto en seguridad y reconstrucción, ejes centrales del plan «Perú con Orden» de Fuerza Popular, según analizó Perú Hoy.
Las zonas grises: lo que todavía no está firmado
Hasta ahora solo hay tres nombres oficiales, Galarreta en la Presidencia del Consejo de Ministros, Cuba en Economía y Carlos Espá en la Cancillería, según anunció Fujimori y confirmó Infobae. El resto del gabinete sigue en el terreno del trascendido y se conocerá recién con la juramentación del 28 o 29 de julio. Es ahí donde asoman las zonas de mayor fricción, todas aún sin confirmar. César Astudillo, general en retiro y senador electo por Fuerza Popular, es el nombre más voceado para el Ministerio del Interior. Su hoja de servicio incluye la Operación Chavín de Huántar y el comando del Vraem, pero también una investigación fiscal por peculado agravado relacionada con el uso indebido de combustible en el Ejército, como reveló La República. Aunque el caso fue sobreseído, el expediente sigue activo en el registro del Ministerio Público.
Rafael Belaunde, excandidato presidencial por Libertad Popular, suena para Energía y Minas o Defensa. Su respaldo a Fujimori data de la segunda vuelta: es una lealtad fresca, no estructural. Y Raúl Pérez Reyes, exministro de Dina Boluarte en tres carteras distintas, podría volver a Producción, lo que añadiría una incómoda sensación de continuidad con el gobierno que los propios fujimoristas calificaron de catastrófico, como tituló La República.
Lo que está en juego para el ciudadano
Un gabinete que no es completamente técnico ni abiertamente político no es necesariamente una mala noticia. Pero sí es una apuesta de riesgo. Si la balanza se inclina demasiado hacia la cuota partidaria, las decisiones clave, desde el presupuesto de las becas educativas hasta la estrategia de seguridad ciudadana, se tomarán con criterios de disciplina interna y no de eficacia pública. Si la parte técnica carece de autonomía real, será una fachada que durará lo que tarde el primer conflicto entre las cifras y las promesas.
Para el ciudadano, esto se traduce en preguntas concretas: ¿tendrá el ministro del Interior la independencia necesaria para combatir la extorsión y el sicariato sin que su gestión quede atrapada en las lealtades del partido? ¿Podrá el MEF proteger la caja fiscal cuando el Congreso bicameral, con un Senado fujimorista, presione por partidas que excedan lo responsable? ¿Será este gabinete un equipo de gobierno o un comité de campaña permanente?
La respuesta empieza el 28 de julio, cuando el gabinete jure y se conozcan los nombres que aún faltan. El primer trazo ya está sobre la mesa, y la grieta entre la técnica y la política es visible desde ahora.