El 73.7% del país no toma agua segura, y el presupuesto le recorta a Saneamiento
Tener caño no es tener agua segura: casi tres de cada cuatro peruanos consumen agua sin garantía de calidad, y 97.5% en el campo. En un año de El Niño, el presupuesto 2027 le baja S/1,901 millones a Saneamiento.
Por Qhawaq

Tener caño no es tener agua segura
El acceso engaña. Según el INEI, el 89.1% de la población recibe agua por red pública, pero eso no significa que sea potable de verdad: el 73.7% de los peruanos no accede a agua gestionada de forma segura, es decir, libre de contaminación y con cloro suficiente, de acuerdo con Infobae. La distancia entre tener un caño y tomar agua segura es la distancia entre parecer conectado y estarlo. El indicador de cobertura tranquiliza; el de calidad desmiente.
El campo, casi sin agua segura
La brecha es geográfica y brutal. En el área rural, el 97.5% carece de agua segura; en la urbana, el 67.8% (Infobae). Y donde se mide la calidad, el contraste es aún más duro: solo el 4.7% de la población rural recibe agua con niveles adecuados de cloro, frente al 47.7% en las ciudades (Infobae). El agua del Perú rural muchas veces no está tratada: llega hasta la vivienda, pero puede enfermar a quien la toma.
El recorte que llega justo antes de las lluvias
El presupuesto va en contra del riesgo. El proyecto 2027 reduce la función Saneamiento de S/6,323 a S/4,422 millones, S/1,901 millones menos, según La República, en el mismo año en que el ENFEN mantiene la alerta de un Niño costero de magnitud extraordinaria hacia fin de año, según RPP. El Niño no solo inunda: contamina las fuentes, rompe las redes y dispara las enfermedades de origen hídrico. Recortar saneamiento antes de esa temporada es apostar contra el propio pronóstico del Estado.
Lo que se toma en casa
Para la familia que hierve el agua porque no confía en el caño, esto no es un indicador: es el gasto extra en gas o leña, la diarrea del niño, el día de trabajo que se pierde cuidándolo. El agua insegura es un impuesto silencioso que pagan sobre todo los más pobres y los más alejados. Un Estado que celebra cobertura pero no garantiza calidad, y que además recorta saneamiento en un año de lluvias extremas, deja el problema donde siempre estuvo: en el vaso de quien menos tiene.