Manuel Merino y la segunda vuelta en Tumbes: el expresidente que vuelve por la puerta regional
El boca de urna de Datum lo proyecta al balotaje regional de Tumbes. Su retorno mide cuánto castiga el electorado local a quien encabezó una crisis constitucional.
Por Qhawaq

Ninguna candidatura alcanza el umbral: la proyección de un balotaje
En Tumbes ninguna fórmula alcanza el 30% de votos válidos que exige la ley para ganar en primera elección, de modo que el escenario apunta a una segunda vuelta. El boca de urna de Datum ubica a Carlos Feijoo (Fe en el Perú) con 27%, a Manuel Merino (Acción Popular) con 20.5% y a Luis Arévalo (Somos Perú) con 19.2%, según Andina. Son cifras de encuesta, no resultado oficial: el propio sondeo no constituye cómputo y corresponde a la ONPE confirmarlo. El JNE fijó el 29 de noviembre de 2026 para una eventual segunda elección regional, según Andina.
La crisis de 2020 que el Congreso archivó
Merino asumió la Presidencia el 10 de noviembre de 2020, tras la vacancia de Martín Vizcarra, y renunció el 15: cinco días, según La República. El 14 de noviembre murieron Inti Sotelo y Bryan Pintado durante las protestas, según el Congreso; ambos fallecieron por disparos de agentes de la Policía Nacional, según La República. En octubre de 2021 la entonces fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, lo denunció constitucionalmente por homicidio y lesiones a título de dolo eventual, con 78 heridos identificados, según el Ministerio Público. El 17 de junio de 2022 la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales archivó esa denuncia con 8 votos a favor, 7 en contra y 1 abstención, definida por el voto dirimente de su presidenta, según el Congreso. En el plano de los altos funcionarios, el caso nunca llegó a juicio: lo cerró un filtro político.
El refugio regional de un liderazgo desgastado
Tumbes es el territorio de Merino: fue congresista por esa región en tres periodos, entre 2001 y 2006, 2011 y 2016, y 2020 y 2021, según Caretas, y el JNE confirmó su candidatura al declarar infundado un recurso contra su postulación, según Caretas. Su regreso por la puerta regional describe el patrón: la política subnacional absorbe a figuras nacionales que no sobrevivieron al escrutinio de Lima. Y el sondeo de Datum sugiere que una porción del electorado tumbesino no castiga aquel episodio: le alcanza para disputar el balotaje.
Qué se juega el ciudadano de Tumbes
Para un tumbesino la gobernación no es un símbolo: es quién administra la reconstrucción, la seguridad y los servicios públicos. Elegir a una figura cuya legitimidad quedó marcada por una crisis constitucional y por dos muertes sin responsables juzgados en la cúpula arriesga entregar la región a una gestión sin autoridad moral plena y con el lastre del pasado nacional. La segunda vuelta del 29 de noviembre devuelve la palabra a los votantes, pero entre opciones ya filtradas por las urnas del domingo. Lo que está en juego es que el Estado gobierne Tumbes sin cargar como fardo el pasado de un país.