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22 sep 20262 min de lectura#opinion#inseguridad#trujillo#retail#estado-de-emergencia#ext

El efecto Trujillo: la inseguridad ya se mide en visitas a los malls

Tres meses seguidos de caída en la afluencia a tiendas y centros comerciales, con el norte golpeado, muestran que el miedo ya es un dato económico. La emergencia se prorroga sin una métrica pública que la evalúe.

Por Qhawaq

Portada: El efecto Trujillo: la inseguridad ya se mide en visitas a los malls

El miedo ya es un dato, no una percepción

La inseguridad dejó de ser un estado de ánimo para volverse una cifra de afluencia comercial. Las visitas a tiendas en centros comerciales y puerta a calle cayeron 1.87% en agosto frente al mismo mes del año pasado, según el reporte de Poken Perú Retail que recoge Gestión. Es el tercer mes consecutivo en rojo, después de caídas de 2.36% en junio y 2.09% en julio. La caída, que venía atenuándose, se profundizó en la primera quincena de septiembre hasta 5.9%. No es solo el fenómeno de El Niño ni la coyuntura electoral: el secuestro de un empresario en Trujillo, con cuatro personas asesinadas por atacantes con uniformes policiales, según CNN, avivó el temor a salir a comprar.

El norte paga la factura del miedo

El golpe no se reparte por igual: la zona norte concentra las caídas más profundas. En agosto, Mallplaza Piura retrocedió 31% y Real Plaza Chiclayo 10.25%, mientras solo Mall Aventura Chiclayo escapó de la tendencia, con un avance de 11.9% Gestión. Entre los rubros, únicamente la moda infantil y accesorios (10.15%) y la tecnología (3.41%) crecieron; el resto siguió en caída. Es un mapa de consumo que se repliega: se compra lo necesario y lo que no admite espera, y se evita el paseo que implica exponerse.

Una emergencia que se renueva sin demostrar resultados

La prórroga no trae evidencia de control: la propia norma admite que los delitos persisten y crecen. El Decreto Supremo 134-2026-PCM prorroga por 60 días, desde el 23 de setiembre, el estado de emergencia en Trujillo, Virú y Chepén, según El Peruano. Es la tercera prórroga desde que la medida se declaró en Trujillo y Virú el 26 de marzo. El texto reconoce que el pedido policial se sustenta en la "persistencia y tendencia creciente" de extorsiones, robos y homicidios. En paralelo, el Gobierno relevó a la cúpula policial: Fredy López Mendoza asumió la Comandancia General el 16 de setiembre, según el Ministerio del Interior. Cambiar mandos no es una métrica; lo que falta es que se publique con qué indicadores se evalúa la emergencia.

Lo que esto significa para el bolsillo y la seguridad

El dato aterriza en personas concretas. Para un locatario de un mall del norte, una caída de 31% en las visitas significa menos ventas, menos horas de trabajo y menos planilla. Para una familia, significa decidir si el paseo del fin de semana justifica el riesgo. Para un ciudadano bajo emergencia, significa aceptar restricciones a la libertad de tránsito y de reunión sin recibir a cambio un indicador verificable de que la violencia cede. La seguridad no debería cobrarse dos veces: una en el miedo y otra en la factura. Exigir métricas no es tecnicismo, es la única manera de saber si el estado de emergencia protege a la gente o solo administra la crisis.

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