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11 oct 20263 min de lectura#opinion#onpe#jnj#elecciones-2026#sistema-electoral#meritocracia

El concurso para jefe de la ONPE queda en manos de un solo nombre

Nueve de diez postulantes no pasaron el examen de conocimientos. Con el recuento de actas en marcha y una segunda vuelta regional en noviembre, la idoneidad del árbitro electoral pesa más que nunca.

Por Qhawaq

Portada: El concurso para jefe de la ONPE queda en manos de un solo nombre

Un filtro que deja pasar a uno solo no es rigor: es la foto de un concurso al que no llegan los perfiles que el cargo exige

De los diez postulantes que rindieron la evaluación de conocimientos el viernes 9 de octubre, solo uno aprobó: Carlos Martín Loyola Escajadillo, con 92 puntos, según la Junta Nacional de Justicia (Gestión). Que nueve de diez queden fuera en la primera valla puede leerse como exigencia; también puede leerse como síntoma. Un concurso que busca al responsable de organizar y ejecutar los procesos electorales debería atraer a varios perfiles capaces de superar un examen. Si solo uno lo logra, el problema no es necesariamente la prueba, sino el calibre del universo de postulantes o un umbral que en la práctica deja fuera a casi todos.

La valla no es inalcanzable: las evaluaciones eliminatorias del concurso, del examen de conocimientos a la entrevista personal, exigen una nota mínima de 70 sobre 100 en cada etapa (Diario Ahora). Es un listón pensado para separar a quien administra elecciones de quien solo administra una entidad. Aun así, nueve postulantes se quedaron en la primera valla.

El árbitro que se elige ahora tendrá que arbitrar un partido que todavía no termina

La idoneidad del jefe de la ONPE pesa más que nunca porque el ciclo electoral no ha cerrado. Los jurados electorales especiales acaban de concluir la revisión del 100% de las actas observadas: 6,964 actas, de las cuales 421 fueron derivadas a recuento de votos y 70 resultaron siniestradas o extraviadas (Canal N). El recuento comienza el lunes 12 de octubre. En paralelo, el JNE fijó el 29 de noviembre para la segunda vuelta regional, que alcanzaría a 14 regiones (El Comercio).

Elegir al titular de la ONPE en este tramo no es un trámite administrativo: es decidir quién incorporará esos recuentos al cómputo y quién organizará la eventual segunda vuelta. Un jefe interino puede sostener la operación, pero no reemplaza la legitimidad de un nombramiento definitivo. Bernardo Pachas ocupa la jefatura interina desde abril (Andina), tras la renuncia de Piero Corvetto aceptada por la JNJ en ese mismo mes (Diario Ahora).

Un solo nombre no es competencia: es una apuesta al umbral y a los votos del pleno

Loyola es ingeniero industrial por la Universidad de Lima, doctor en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad de San Martín de Porres y suma 29 años en la gestión pública, con cargos directivos en la propia ONPE, el Reniec y los ministerios de Cultura y Salud (La República). Es un perfil de administrador público, no de operador electoral de oficio; la distinción importa cuando el cargo exige correr una elección, no solo dirigir una entidad.

El antecedente obliga a la cautela. En el primer concurso del año, Loyola llegó a la etapa final con 82.49 puntos en el cuadro de méritos, pero el pleno de la JNJ no alcanzó los votos necesarios para nombrarlo; por eso se abrió una segunda convocatoria el 25 de agosto (Andina). Que hoy sea el único sobreviviente no garantiza que al final haya nombramiento. Un concurso con un solo candidato viable puede volver a quedarse sin titular y empujar a una tercera convocatoria, mientras la ONPE sigue en interinato.

Lo que está en juego no es un organigrama: es la credencial de tu próximo gobernador y la confianza en tu mesa

El ciudadano no lee las bases de la JNJ, pero siente sus consecuencias. Si el cómputo de las actas observadas se procesa con dudas o la segunda vuelta se organiza a contrarreloj, el costo no es institucional: son resultados que se discuten durante semanas, gobernadores regionales que asumen tarde y presupuestos de obra que se ejecutan aún más tarde. Detrás de las 421 actas que irán a recuento y de las 14 regiones que podrían volver a votar hay electores que necesitan un cómputo que no se cuestione. La calidad del árbitro es, al final, la calidad del comprobante que cada elector recibe sobre el poder que delegó. Un concurso que produce un solo nombre deja abierta la pregunta de si el sistema logra llenar bien el cargo que más necesita llenarse.

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